miércoles, 26 de junio de 2013

Capítulo 7 | She's Not Afraid

Miércoles, 20 de febrero

     Harry y yo estábamos en Coniston.
     Habíamos decidido ir a pasar el día fuera mientras los chicos iban al estudio a hablar con el Management de cara a la gira que empezaría en cuestión de días. Dijeron que le cubrirían y se encargarían de excusarlo diciendo que estaba enfermo en la cama con fiebre y le era imposible asistir a la reunión.
     Él se había remangado los vaqueros y tenía los pies dentro del agua del lago, yo por el contrario, encogida de piernas. Él recostado hacia atrás, apoyando todo su peso sobre los brazos, dejando que uno de ellos estuviera tan cerca de mi cuerpo que casi podía sentir el fino vello acariciarme la cadera. Su olor me golpeaba violentamente.
     — No te rías, ¿vale?— dijo sonriendo e intenté ponerme seria con un aire cómico—. En una ocasión acordamos hacer una entrevista para un programa de televisión, y para darle un enfoque diferente y desenfadado quise salir desnudo— empezó a explicar—. Para ello, tenía que caminar en bolas mientras los chicos se pasaban diferentes objetos por delante de mí para taparme. Resulta que Zayn se despistó y allí me quedé yo… ¡Las cámaras me grabaron!
     — ¡No!— me eché a reír.
     — Aquella parte no la emitieron, por supuesto, aunque me hubiera gustado que la hubieran puesto en televisión.
     — Eso es una cosa— repliqué—, otra muy diferente es que medio planeta te veo desnudo.
     Harry me contó muchas más historias que habían vivido durante el Up All Night tour. De repente, me miró a los ojos fijamente y se humedeció el labio.
     — Emma, yo...— empezó a decir con su peculiar voz ronca, acercándose peligrosamente a mi cuello—, tengo ganas de besarte.
     Me quedé petrificada. Sus ojos atravesaron los míos. Entonces desplazó su mirada hasta mis labios, y volvió a mirarme a los ojos de nuevo. Sonreí.
     — Hazlo— susurré.
     Una de sus manos se coló por detrás de mi oreja y sus húmedos labios acariciaron los míos. Despacio. Con mucho cuidado. Saboreé su esencia, palpé el aire que nos separaba y disfruté de todos los puntos en los que éramos el todo. Un beso breve, tras el cual llegó uno más largo. Le agarré de los rizos y lo atraje hacia mí. Podía escuchar sus gemidos entre beso y beso, al igual que podía sentir los latidos de su corazón contra mi pecho.
     Harry me agarró por la cintura.
     Una de sus manos se coló por dentro de mi camisa hasta llegar a la abertura del sujetador y se apartó de mis labios. Incliné a un lado el cuello para permitirle el paso y gemí al sentir sus labios sobre mi piel. Mi mano caminó hacia sus pantalones, donde encontró lo que estaba buscando.
     Me dio a entender que buscaba más.
     Conseguí que se deshiciera de su camiseta para dejar cuerpo al descubierto. Su trabajado tórax me llamaba con urgencia y me incliné sobre él, besándole. Desde los cuervos de su pecho hasta el ombligo, y desde el ombligo hacia los hombros. Una coreografía erótica improvisada.
     Su voz ronca se había convertido en una especie de armonía de gemidos graves y, a pesar de que le temblaban las manos, logró desabrochar el botón de mis vaqueros y se deshizo sutilmente de ellos. Se tumbó a horcajadas sobre mí.
     — Jamás creí que tú y yo...— jadeó.
     — Yo tampoco.
     Besó mis hombros, descendió por mi vientre y jugueteó con el fondo de mi ombligo. Siguió acariciando mi piel con sus labios
     Mi cuerpo se estremecía con cada uno de besos. Le agarré por los rizos y conseguí quedar encima de él. Me deshice magistralmente de sus pantalones.
     — No sabes las ganas que tenía de esto— susurró.
     De repente... sonó mi móvil.
     Abrí los ojos torpemente y solté una palabrota. Me aparté la funda nórdica de encima y giré la cabeza hacia el despertador de la otra mesilla. No eran más que las ocho de la mañana. Alargué el brazo para coger el móvil y miré la pantalla. Resoplé, preguntándome qué querría un miércoles a aquellas horas para interrumpir mi sueño. Me tumbé de nuevo en la cama y me llevé el móvil al oído.
     — ¡Emma! ¿Dónde estás?— preguntó su voz al otro lado de la llamada.
     — Madison, por Dios— gruñí entre dientes—. Son las ocho de la mañana. ¿Dónde quieres que esté?
     — Coge el coche y ven a buscarme.
     Abrí los ojos de par en par y me incorporé lo más rápido que pude entre sorprendida y aterrada.
     — ¿Buscarte?— pregunté mientras intentaba ocultar mi sorpresa—. ¿A dónde?
     — Al aeropuerto de Heathrow. Sería muy feo por tu parte dejar que cogiera un taxi sabiendo que vives a cuarenta kilómetros de aquí.
     — Pero...— intenté replicar.
     — ¡Gracias, Em! Te espero en la Terminal 5. Llámame cuando hayas llegado— me interrumpió y colgó.
     No podía ser, ¿qué hacía ella aquí? Era imposible.
     Solo Madison era capaz de estar desaparecida durante meses y aparecer en tu vida para ponerla patas arriba. Aquella era Madison. No pedía las cosas por favor ni dabas las gracias, tampoco preguntaba si alguien podía hacer algo por ella, sino que lo daba por hecho, y jamás era capaz de ponerse en tu lugar. Solo era ella, ella y ella. Los demás la estorbaban y cuanto más lejos estuvieran de su camino, mejor.
     Me levanté de la cama lo más rápido que pude, entré en la ducha y me enfundé unos vaqueros pitillo negros, una camisa vaquera, unas bailarinas beige y un fular.
     — La voy a matar— susurré en un intento por tranquilizarme, aunque todo fue en vano—. Sí, eso es. Voy a cogerla del cuello y estrujarla hasta que se le salgan los ojos.
     Cogí un trozo de bizcocho de la cocina que me comería por el camino, me colgué el bolso al hombro y saqué un abrigo del armario. Salí disparada mientras mi subconsciente se reía de mí.
     Aquello era el karma.


     Llegué al aeropuerto a las nueve y veinte. Salí del coche y me puse las gafas de sol con el objetivo de que nadie pudiera reconocerme, no era el momento ni el lugar para ello.
     Entré en la Terminal 5 y comencé a dar vueltas en busca de Madison. No quería verla. La odiaba con toda mi alma pero al mismo tiempo era mi ejemplo a seguir. Guapa, inteligente y fuerte.
     Entré en WhatsApp.

          «Estoy frente a la compañía de Iberia»

     Estaba ensimismada en mis pensamientos cuando una voz inconfundible gritó mi nombre.
     Giré la cabeza y vi venir a Madison con su increíble cabellera morena recogida en una preciosa trenza de espiga con algunos mechones sueltos. Sus ojos oscuros iban escondidos bajo unas enormes gafas de sol. Llevaba un vestido corto de color blanco con un cinturón marrón, una chaqueta vaquera y unas botas. Con una mano arrastraba una gran maleta de Louis Vuitton a juego con el bolso que llevaba en la otra. Apresuró el pasó y se lanzó sobre mi, dándome un fuerte abrazo.
     — Emma, estás guapísima. Mírate— dijo agarrándome de la mano y obligándome a girar sobre mí misma. No pude evitar sonreír. Madison seguía siendo Madison. Tan exuberante y llamativa como siempre.
     — ¿Y esa maleta tan grande?— pregunté arqueando una ceja.
     — Mañana tengo que volar a Italia— afirmó—. Gajes del oficio.
     Íbamos a salir, cuando una cámara de televisión y su respectivo periodista nos persiguieron. Me escondí bajo las gafas de sol y bajé la cabeza. Madison mostró una sonrisa y miró directamente a las cámaras a través de sus gafas.
     — ¡Madison! ¿Qué tal estás?
     — Muy bien, muy contenta. Acabo de tomar un vuelo, así que ahora solo deseo descansar— dijo con una resplandeciente sonrisa.
     — Se ha dicho últimamente que hay planes de boda entre Elliot y tú— insistió el reportero—. ¿Son ciertos esos rumores?
     — Elliot y yo estamos francamente bien— contestó sin inmutarse—. Nos complementamos a la perfección y estamos juntos las veinticuatro horas del día pero por ahora no hay planes de boda. Cuando los haya, os aseguró que seréis los primeros en saberlo— sonrió a la cámara.
     Lo que más me sorprendió de todo aquello fue lo siguiente que preguntaron:
     — ¡Emma! ¿Son ciertos los rumores de una posible relación con Harry Styles?
     — Harry y yo somos amigos— me limité a contestar—. Eso es todo.
     — El otro día hubo imágenes en la que se os vio en una actitud muy cariñosa— insistió de nuevo—, ¿no tienes nada que decir? ¿Aún no vais a confirmar nada?
     — No hay nada que confirmar. Harry y yo somos amigos. Eso es todo— respondí. Por suerte llegamos al coche.
     Madison guardó su equipaje en el maletero y se montó en el asiento del copiloto. Dejé mi abrigo y bolso en la parte trasera del vehículo.
     — ¿Se os volverá a ver juntos?
     — No lo sé— contesté al tiempo que abría la puerta—. Muchas gracias.


     Cuando entramos en el apartamento había pasado más de hora y media.
     Lo primero que hizo Madison fue tirarse sobre el sofá mientras se quitaba las botas.
     — No me dijiste que hoy iba a llover, si lo llego a saber me pongo medias— comentó mientras lanzaba una de sus botas al otro lado del salón de una patada—. Y un abrigo.
     — ¿Qué tiempo pensabas que iba a hacer en Londres?— contesté—. Además, tú tampoco me dijiste que ibas a venir, así que no tienes nada de lo que quejarte. Ojo por ojo, guapa.
     — Venga, no te pongas así— se levantó para darme un nuevo abrazo—, hemos discutido demasiadas veces. Voy a pasar el día entero aquí. No quiero que nos peleemos más. Al menos no por ahora.
     — Por ahora— repetí y puse las manos en alto—. Como quieras.
     — Sigues teniendo mal genio. Londres no te ha cambiado en absoluto— bromeó con una sonrisa pícara en la cara—. Voy a perder la apuesta que hice con Chad.
     — ¡Amor propio!— exclamé—. ¡Se llama tener amor propio!
     — Vale— asintió—. Tengo hambre. ¿Podemos comer ya?
     — Es pronto.
     — Quiero comer.
     Resoplé exasperada y cerré los ojos, obligándome a mí misma a mantener la calma, cosa que no iba a resultar fácil siempre que Madison y yo estuviéramos juntas dentro de aquellas cuatro paredes.  No la odiaba. Simplemente detestaba aquello. «Quiero comer». Pues que se hiciera ella la comida.
     — Haré pasta— dije, abrumada.
     — No— negó rotundamente—. Haz ensalada. El otro día me negaron vestir un conjunto de ropa interior en un desfile porque había engordado— explicó—. Mañana tengo un desfile y llevo ya dos días sin comer. Tengo mucha hambre y no puedo comer, pero la tengo. Así que…, una ensalada.
     — ¿Engordado?— exclamé—. ¡Pero si eres invisible!
     — Estoy como una foca.
     Me dirigí a la cocina a hacer una maldita ensalada, ignorando sus estúpidos comentarios por completo. No me importaba lo más mínimo su novio, ni su trabajo, ni nada que tuviera que ver con todo lo que la rodeaba. ¿Acaso no podía darse cuenta? Madison era la clase de chica a la que la fama se le había subido a la cabeza y tenía un aire prepotente que a veces me entraban ganas de golpearle la cara con una pared y hacerla ver lo estúpida que es cuando se comporta de aquel modo.
     Preparé dos cuencos de ensalada y los llevé al salón. Ella sacó unos botecitos con pastillas dietéticas que se tomó con un trago de agua. Aparté la mirada y preferí no mirar. Madison puso la BBC Three. En pantalla había un reportaje de Elsa Pataky y Chris Hemsworth. De fondo sonaba Tonight. Me gustaba aquella canción.
     Cogí el móvil. 

          «Madison ha venido a dar el coñazo. ¿Qué hago con ella? ¿La tiro por la ventana o me tiro yo? Estoy indecisa»

          «Pd: Tonight de FM Static»

     Aquello fue lo que envié e a Harry.
     — ¡Emma!— exclamó Madison—. ¡Tú y Styles!
     Alcé la vista del plato de ensalada y pude comprobar que estaban emitiendo el reportaje que me grabaron en el aeropuerto, intercalado con imágenes junto a Harry, estaba segura de que al día siguiente habría otro reportaje nuevo. Y después vendría otro, y otro, y otro. Yo había huido de España por aquello y resulta que en Londres era mucho peor.
     — Así que es cierto— dijo Madison cuando terminó el reportaje y apagó la televisión. Dejó en la mesa el plato de ensalada prácticamente intacto—. Harry Styles y tú...
     — No somos nada— la corté.
     — La televisión no dice lo mismo.
     — Deberías dejar de creer todo lo que dice la televisión— repliqué con la boca llena de ensalada y tragué—. Es un consejo.
     — Venga ya— hizo un movimiento con la mano—. Harry es buen chico.
     — Sí, vale, vale— puse los ojos en blanco. No quería hablar de Harry. No con ella—. ¿A qué se debe tu agradable visita?— pregunté, no sin poder evitar el sarcasmo.
     — Mamá me pidió que viniera. Hay un par de telas que solo venden aquí y quiere introducirlas en la colección de verano. También me dijo que te echara un ojo para ver cómo te iban las cosas. Mañana vuelo a Italia para…
     — Para un desfile de ropa interior— la interrumpí—. Lo has dicho. ¿No vas a comer más ensalada?
     — No tengo más hambre.
     — No has comido absolutamente nada, Madison— repliqué—. Entiendo que seas modelo y te paguen una millonada por vestir prendas exclusivas, pero eso no es un trabajo. Lo sabes. Te explotan. Están acabando contigo.
     — Es lo que me gusta, Emma— murmuró.
     — ¿Lo que te gusta?— exclamé—. Por favor. Llevas dos días sin comer. Te mantienes a base de proteínas, pastillas dietéticas y agua. ¿De verdad eso es lo que te gusta?
     — Emma, basta ya— me cortó y bajé la cabeza.
     Asentí con la cabeza. ¿Cuántas veces había pensado que mi hermana terminaría yéndose a pique por intentar tener esas medidas de 90-60-90? Tenía razón y —aunque ella lo negara— lo sabía. Madison sabía que tenía razón pero admitir que yo estaba en lo cierto sería demasiado bochornoso para ella.
     Soltó una risita.
     — ¿Qué?— gruñí.
     — Me parece increíble— murmuró—. Tú nunca has tenido miedo de nada ni te has atemorizado ante los retos. No tienes miedo de la atención mediática y adoras los actos impulsivos. Sin embargo, tienes miedo de enamorarte— explicó—. Fascinante. No podrás ocultar vuestra relación eternamente.
     Puse los ojos en blanco y la ignoré. Estábamos hablando de ella y su estúpido trabajo, y de repente saltó con el tema Harry y yo. A veces no había quien la entendiera. Se enfadaba y se la pasaba en cero coma cero.
     Casi había terminado de comer cuando me llamaron al móvil.
     — ¿Emma?— respondió Zayn al otro lado de la línea.
     Zayn me había llamado estando Madison allí. Aquello no iba a ser bueno.
     — Dime— dije con la boca llena.
     — Esta mañana hemos estado con el Management. Tenemos la tarde libre, y Perrie quiere que salgamos de copas esta noche o a cenar todos juntos— dijo—. Creo que Danielle también va a venir. Contamos contigo.
     Madison me miró sorprendida. Primero Harry y después Zayn. Estaba claro que aquello se salía de todos mis esquemas.
     — ¿Es Zayn?— preguntó ella.
     — ¿Madison?— alcanzó a preguntar él al reconocer su voz—. ¿Tu hermana está contigo? ¿Cuándo ha llegado?
     — Por suerte o desgracia, esta mañana— contesté y Madison arrugó la nariz, dibujando una suave arruguita en el entrecejo—. No puedo quedar esta noche y vosotros tampoco deberíais. Estáis a tres días de empezar la gira y os vais de copas.
     — Tomar unas birras— me corrigió—. No es lo mismo.
     — No puedo, Zayn— dejé el plato sobre la mesa—. Ya hablaremos otro día.
     — Vale, como quieras— dijo él—. Cuídate, ¿vale?
     Colgué.
     — ¡Era Zayn Malik!
     — Sí, lo era— contesté, aprovechando la ocasión para entrar en WhatsApp—. No eres la única Wells que los conoce, ¿te enteras?
     — El reportaje en el que se os veía a Harry ya ti juntos me lo ha dejado bastante claro— replicó con desdén—. Me parece muy fuerte que los conozcas y no me hayas contado nada. Yo estuve con Niall. Fue un rollo de unas semanas. Nos acostamos un par de veces, nada fuera de lo normal.
     — Las cosas se están complicando— bajé la cabeza y di un trago a mi cerveza— así que tampoco creo que quiera mantener esta relación con ellos.
     «Sí que quieres, pero las circunstancias lo están complicando todo» susurró mi voz interior. «Sí que quieres, pero tienes miedo»
     Madison, después de hacer un amago, me rodeó el cuerpo con sus brazos y me acurruqué sobre su pecho con un frío y espeluznante vacío en mi interior. Odiaba a mi hermana, la quería, pero sobre todo, la admiraba. Era despreciable, arrogante y egocéntrica, pero sabía abrazarte cuando algo no iba bien.
     — Puedes meterte en problemas y nos puedes arrastrar a todos nosotros y lo sabes— susurró—. ¿No has pensado en nada?
     Negué con la cabeza.
     — Creo que voy a mandar alguna noticia sin menor interés y esperaré a que el contrato expire, supongo— contesté—. No me queda otra opción.
     — Dejemos este tema por ahora. Yo voto por que salgamos a dar una vuelta. ¡Hagamos turismo! ¿Por qué no me enseñas Londres?— propuso—. Eso sí, tendrás que dejarme calzado cómodo y ropa de abrigo.
     Solté una risita. Madison paseó sus manos por mis mejillas y me dio un suave beso en la frente.


     Habíamos ido a la empresa textil donde vendían las telas que mi madre necesitaba para la colección de verano y acordaron que las enviarían a España, a la sede de Madrid. Después hicimos turismo por Londres tal y como habíamos acordado: paseamos por Picadilly Circus; visitamos las Casas del Parlamento y la Catedral de Westminster; ojeamos el ambiente de Covent Garden; cruzamos el puente colgante; entramos en Harrods y pasamos por delante de la Catedral de St. Paul's y del Museo Británico. Incluso cenamos en el Hakkasan, uno de los restaurantes chinos más lujosos de la ciudad en Hanway Place.
     Madison se mostró un poco más comprensiva, cosa que agradecí profundamente y no mencionó a ninguno de los chicos. Algún paparazzi nos sacó fotos. Nosotras posamos como dos turistas adolescentes ante mi réflex en los lugares más representativos de la ciudad y compartimos varias fotos en las redes sociales.


     Cuando llegamos a casa, estábamos agotadas. Lanzamos todas nuestras bolsas de Harrods al suelo, nos pusimos los pijamas y nos tumbamos en el sofá.
     — ¿Y el puesto en GQ?— preguntó mientras se llevaba la botella de agua a la boca, y enarqué una ceja—. Mamá me lo contó.
     — No me han llamado.
     — Supongo que compartirán base de datos con nuestra GQ. Puede que hayan visto que tenías un contrato con ellos y te hayan eliminado de la lista automáticamente.
     Me encogí de hombros. Por el rabillo del ojo pude ver que mi hermana me miraba con una expresión seria, con vulnerabilidad.
     Le daba pena.
     — ¿Les has contado lo de tu contrato?
     — ¡Madison, no!— exclamé—. Es una cláusula. Además, lo último que quiero es que se enteren. Podrían pensar que me he acercado solo para escribir cualquier cosa de ellos.
     — ¿Tanto te importan?— preguntó—. Apenas los conoces, Emma. Son buenos chicos, pero unos completos críos— dijo ella y asentí. Aquello era, precisamente, lo que me gustaba. Pensé en Harry y aparté la mirada—. Te mola uno.
     — No.
     — Oh, sí— ella empezó a sonreír—. Conozco esa mirada. Te mola uno.
     — Harry, pero no quiero ni siquiera intentarlo— añadí de inmediato al ver su sonrisa de cría emocionada—. No después de todo. Con Dani todo se fue al garete y Víctor…, no importa. Soy como la dama negra: destrozo todo lo que toco, especialmente las relaciones.
     — ¿Sabes lo que te pasa? No tienes valor, tienes miedo. Miedo de enfrentarte contigo misma y decir que estás bien. La vida es una realidad, las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad— empezó a recitar con mucha énfasis y dibujé una media sonrisa—. Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno, Emma, ya estás en una jaula. Tú misma la has construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque no importa donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma.
     Enarqué una ceja y la miré sonriendo.
     — Estás obsesionada con Desayuno con Diamantes— sonreí.
     Asintió con la cabeza y se echó a reír.
     — Truman es increíble— dijo risueña—. Es de mis escritores favoritos. Todo lo que escribe lo hace fácil, como si efectivamente fuera sencillo.
     Negué con la cabeza, sonriendo. Le informé de que me iría a la cama y le pedí que apagara la luz cuando se fuera ella. Le indiqué dónde tenía toallas limpias y ella se marchó a la habitación de invitados más grande. 

          «He visto por vuestras cuentas de twitter e Instagram que lo habéis pasado muy bien esta tarde. Por si te interesa saberlo, nosotros también lo hemos pasado muy bien. Hemos ido a tomar unas birras después de cenar. Eso sí, se te ha echado de menos»

          «So Cold de Ben Cocks» 

     Aquello fue lo que Harry me mandó después de que Madison y yo llegáramos a casa.
     Me introduje entre las sábanas, sintiendo como su suave tacto acompasaba mis pulsaciones y mitigaba el dolor de mis piernas entumecidas. No logré cerrar los ojos hasta bien entrada la madrugada.
     Cuando por fin concilié el sueño, sonó mi despertador recordándome que tenía que llevar a Madison al aeropuerto.

domingo, 23 de junio de 2013

Capítulo 6 | Does He Know?



Viernes, 15 de febrero

     Los chavales de la tienda llegaron cerca de las nueve de la mañana. Lo había olvidado de tal manera que tuve que abrir en pijama y con cara de haberme pasado una semana entera sin dormir. Eran dos chicos jóvenes, con cuerpos trabajados y un acento escocés bastante marcado. Me instalaron todo lo que había comprado el día anterior, incluido un enorme iMac. Cuando se marcharon, me senté en el sofá y contemplé a mi alrededor. Sí, el apartamento era muy grande. Sí, el apartamento era muy lujoso. Y sí, era un desastre.
     Uno de mis defectos era el desorden y no hacía falta más que mirarlo. Tenía restos de comida sobre la mesita del salón, mi ropa y zapatos estaban tirados por el suelo de mi cuarto y la encimera de la cocina tenía más comida esparcida que mármol.

          «Se me ha olvidado que hoy venían a instalarme los electrodomésticos y los he tenido que abrir en pijama y con una cara similar a la tuya de ayer»

          «Y por cierto, vuestras fans se me están echando encima por internet. Qué emocionante»

     Se lo envié a Harry y me puse en pie. Era el momento de recoger.
     Coloqué la ropa y los zapatos que estaban limpios e hice tres lavadoras con toda la ropa sucia que había usado a lo largo de las últimas dos semanas. Cambie las sábanas y me entretuve un buen rato para cambiar la tela de la funda nórdica. Pasé la aspiradora, fregué los suelos y pasé una bayeta por los cristales. Planché toda la ropa que la secadora me iba dando poco a poco y me las apañé para guardarla en el armario.
     Cuando terminé todas las tareas, el apartamento olía a desinfectante de limón, limpiador de madera y ambientador con olor a suavizante. Cogí el móvil y me dejé caer sobre el sofá.

          «HAHAHAHAHA. Eso es el karma, Wells. Los vengadores serán vengados» 

     Solté una risita por lo bajo y sujeté el móvil firmemente, pensando en qué podría responder a Harry. 

          «Creo que has dado la vuelta a ese cliché» 

     Giré el iPhone entre mis dedos y pensé en papá. Las cosas habían pasado demasiado rápido aquel día que había salido huyendo de Madrid en el jet privado de Wells Records.
     Aunque él pensara que no me importaba en absoluto lo que pasaba en su ambiente, estaba equivocado. Estaba al tanto de todo lo que ocurría en España.
     Dos nuevas artistas —Birdy y Colbie Caillat— habían firmado con Wells Records y sus respectivos álbumes de estudio se publicarían en cuestión de meses. También iba a invertir en una película de acción en la que iban a participar Brad Pitt, Ryan Reynolds y Eva Greene.
     Wells Clothes había obtenido un veinte por ciento más de beneficio que el semestre anterior y había ganado un 0,7 por ciento más de cuota de mercado. Iba a abrir una nueva franquicia en China y estaba en medio de diversos acuerdos económicos.
     Chad había empezado semanas atrás el rodaje de la película de acción con la que compartía cartel con Jude Law. Para enterarme de aquello tampoco tuve que indagar mucho; pude leerlo en su twitter. Había tenido la tentación de mandarle un mensaje directo, finalmente me negué a ello.
     De Madison no sabía nada. Absolutamente nada.
     Estaba desaparecida.


     Terminé de comer, me tumbé sobre el sofá y puse la televisión. Estaba tan agotada que no sentía las piernas y me dolía la espalda. Empecé a hacer zapping cuando me sonó el móvil.
     — ¿Sí?— contesté sin mirar la pantalla.
     — ¿Tienes alguna noticia?
     Mierda.
     No quería hablar con ellos. No quería saber nada de ellos en aquel momento. Las cosas iban demasiado bien, no quería que fueran ellos los que las destrozaran. Se me tensaron todos los músculos y una extraña y desagradable sensación me oprimió el pecho.
     — No.
     — «Harry Styles y Emma Wells juntos en Londres»— leyó aquella estúpida voz por teléfono—. Sales en la portada de QMD. Y Styles contigo.
     La QMD era la Qué Me Dices. Una revista de cotilleos que la GQ, al tener tal recibimiento en el mercado, había comprado por medio de una opa hostil.
     Tenía la sensación de que mi corazón había sido sustituido por cientos de cuchillos y éstos se me clavaban con fuerza contra el pecho. La sangre había sido sustituida por adrenalina y comenzó a correr veloz a través de mis venas.
     — Vale, sí— alcancé a decir—. ¿Y? Firmé un contrato. No firmé nada que los involucrara a ellos. No pienso darte información. Eso también me afectaría a mí.
     — Tenemos un contrato, Wells.
     — Lo sé— respondí cortante—. Yo lo firmé. Y te recuerdo que una de las cláusulas decía que la empresa de outsourcing no obligaba a la empresa cliente a escribir nada sobre un tema concreto. También era un contrato de prueba que extinguía a los nueve meses si alguna de las partes contratantes no deseaban renovarlo.
     — Impresionante— contestó él—. También ponía que se exigen al menos tres noticias en lo que el contrato perdurara, en este caso del dieciocho de enero hasta el dieciocho de octubre. Llevas un mes allí y no has mandado una puta mierda.
     — Ya te mandaré algo.
     — No, Wells— negó—. Creo que no has entendido nada de esto. Acordamos que la empresa cliente podría tener libertad de su trabajo siempre y cuando lo hiciera. Nosotros dijimos que no íbamos a interferir en ello. Ahora bien; la QMD ha publicado esa noticia. Nosotros queremos algo y ya nos encargaremos de mandarlo.
     — Tendrás algo dentro de un mes— dije.
     — Cíñete al contrato— me advirtió—. Cíñete al contrato y todo irá bien.
     Colgaron.
     Me levanté del sofá. Estaba pálida y vacía. Salí a la terraza, aunque tampoco podía ver nada. No podía pensar en nada. Estaba en blanco. En mi cabeza había una batalla muy importante entre mi contrato y los chicos. ¡No quería enviar una noticia sobre sus trapos sucios! Tenía que encontrar algo sobre lo que escribir. Tenía que encontrarlo y debía hacerlo con urgencia si no quería meterme en un asqueroso lío.
     Agité la cabeza. Necesitaba salir de casa. Me sonó el móvil de nuevo. Un mensaje de Harry. 

          «Chances de Five for Fighting» 

     Ignoré su mensaje.
     Necesitaba salir; necesitaba comprar. 
     Era una compradora compulsiva. Necesitaba ir de compras. Era mi manera de desconectar de todos los problemas que me perseguían. No quería pensar en los éxitos de Wells Records ni WC; tampoco en las películas de Chad y mucho menos en la desaparición temporal de Madison. Quería y necesitaba una tarde entera para mí misma.
     Quería ser feliz y solo en la ropa —al igual que en los libros— encontraba cobijo.
     El día era bastante agradable aunque las temperaturas no eran muy altas. Me puse unos leggings grises de Adidas, unas Asics, una camiseta, una chaqueta vaquera, y salí de casa con un enorme bolso al hombro sin molestarme en echar una mirada al espejo.
     Cogí el coche y quince minutos después, aparqué en el parking del centro comercial de Westfield. 
     En el fondo, a todos nos gustaba pensar que éramos fuertes. Que íbamos a poder con todo lo que nos viniera encima, que pudimos con lo de ayer y que podríamos también con lo de mañana. Pero más en el fondo, sabíamos que eso no es verdad. Cerré los ojos y apoyé la cabeza en el asiento. En el coche estaba sonando By Your Side de Tenth Avenue North y esperé a que terminara. Cuando la canción finalizó, apagué el motor y salí del coche pisando fuerte.
     O al menos, todo lo fuerte que mis deportivas me permitieron.


     Tras varias horas en el centro comercial, me senté en la cafetería italiana de lujo Ca'Puccino. A mis pies tenía decenas de bolsas, entre ellas había de Dior, Louis Vuitton, Zara o Prada. Saqué Inferno de Dan Brown y comencé a leer mientras me tomaba el café. 
     Los murmullos eran silbidos distorsionados a mi alrededor y el mundo se oscureció. Solo podía vislumbrar las letras del libro. Varias chicas me interrumpieron para pedirme una foto a lo largo de la tarde.
     Al cabo de una hora me había tomado varios cafés y había leído un puñado de páginas. Estaba tan a gusto, tranquila y relajada que no quería levantarme de allí.
     Hasta que una voz conocida me llamó.
     Me giré y vi a Zayn venir hacia mí con varias bolsas de una mano y de la otra llevaba a una joven con el pelo rubio platino y las puntas de un fuerte rosa chillón, unos serenos y asombrosos ojos azules y cara de niña pequeña. Iban con dos enormes guardaespaldas.
     — ¡Emma!— gritó Perrie al verme.
     — ¡Oh, Dios mío!— exclamé. Me levanté y nos fundimos en un fuerte abrazo. ¡No podía creer que la Perrie novia de Zayn fuera aquella Perrie!—. Qué fuerte.
     — ¿Os conocéis?— Zayn enarcó una ceja y ella soltó una risita.
     — Sí— asintió con la cabeza y me dio la mano. Llevaba sin verla durante más de dos meses—. El grupo está con Wells Records. Arthur me la presentó antes de que empezáramos a salir. Lo que no me puedo creer es que la Emma de la que tanto me has hablado fuera la misma Emma a la que yo conocía.
     — Esto es increíble— dije sonriendo y la volví a abrazar—. Hemos quedado varias veces para ir de compras. Hace un tiempo me habló de que le gustaba un chico, así que he de suponer que ese chico es Zayn. Enhorabuena, lo has conseguido— la golpeé el hombro.
     Perrie sonrió.
     — Ni siquiera voy a preguntar para qué has venido— Zayn miró la gran cantidad de bolsas que descansaban en el suelo—, puedo deducirlo.
     — Necesitaba salir de casa— me encogí de hombros—, no puedo estar tanto tiempo dentro de cuatro paredes. Igualmente, esto es muy fuerte— repetí una vez más—. No hemos coincidido desde aquella salida nocturna por la Milla de Oro y coincidimos aquí.
     — Casualidad— propuso Zayn, sonriendo.
     — No creo en la casualidad, ni...— empecé a decir.
     — Ni tampoco en el destino— me interrumpió ella—. No sabes, cariño— miró a Zayn—, la de veces que dice eso. Tendréis que acostumbraros a ello.
     — Ya me he enterado de que ayer pasaste la tarde con la pequeña Lux y él— se echó a reír y me lanzó una miradita incisiva—. No pierdes la oportunidad.
     Perrie se echó a reír
     — Harry le enseñó las fotos— me susurró al oído y se agarró a mi brazo—. Es un fantasma. Necesito mantener una pequeña conversación con Emma— le dijo—. Si no te importa, tengo que ir a Zara a comprarme unos pantalones. Tómate algo y cuida de sus bolsas. Ahora vengo— le dio un sutil beso en los labios y me sacó fuera de la cafetería.
     Él se puso unas gafas de sol y una gorra, soltó una palabrota y se sentó en mi mesa. Uno de los guardaespaldas se quedó con él.
     El otro vino con nosotras.


     Habíamos entrado a Zara. Perrie quería hablar conmigo pero, sin embargo, la veía decaída. Quería hablar sobre algo pero no sabía cómo empezar.
     — ¿Qué ocurre?
     — Es Zayn— se detuvo y resopló, con un vestido negro de cuero en la mano—. Me preocupa que fume tanto, Emma. Él se cree que soy idiota y no lo sé, pero también le da a los porros cuando está con Louis. Sé que quiere dejarlo y es digno de admirar, pero no tiene la suficiente fuerza de voluntad. Por más que se lo digo…
     — Caramba— la interrumpí y tragué saliva—. Tampoco sé qué decirte. No he salido nunca con un fumador. Ya sabes que a mí el tabaco me da un pelín de asco— hice una mueca y busqué la talla treinta y seis de unos vaqueros—. ¿Todos fuman?
     — No, no— negó con la cabeza—. Zayn el que más. Liam y Louis de vez en cuando para liberar tensiones. Los otros dos ni lo tocan. Eso sí, el alcohol es otro mundo.
     — ¿Beben a menudo?
     — Solo cuando salen de fiesta— cogió un top negro y lo miró—. Esto te quedaría de lujo.
     — No me gusta ese escote— fruncí el ceño.
     — Una lástima— sonrió—. Los chicos son muy tolerantes con el alcohol, especialmente Niall. Se desmadra cada vez que hay alguna fiesta.
     Solté una carcajada y ella se rió.
     — Tendrás que acostumbrarte a sus fans— me advirtió— porque es una verdadera locura—. De repente se le iluminaron los ojos—. ¡El bolso que quería!
     Después de que lo cogiera, nos quedamos dando vueltas por la tienda como dos pequeñas huerfanitas sin saber dónde ir, caminando entre ropa, zapatos y complementos. El guardaespaldas iba a menos de un metro de nosotras.
     — Los chicos hablan mucho de ti, ¿sabes?— comentó mientras miraba la talla de un vestido de color crema corto.
     — Eso es bueno, espero.
     — Eso es indudablemente bueno— dijo ella—. La verdad es que es genial que haya otra chica en el grupo. Solo estamos Danielle y yo. Sería fantástico que te unieras— comenzó a explicar—. Niall tiene un rollo esporádico con una chica que conoció hace algunos meses en una fiesta. Nada serio, pero no hay quien me quite que él y Demi tienen una relación secreta.
     — ¿Demi?— pregunté de repente—. ¿Demi Lovato?
     — La misma— afirmó—. Louis está pillado por una con la que se cruzó por la calle en Mánchester y quiere encontrarla. Una completa locura. Idónea para un filme.
     — Y Harry...
     Perrie me miró divertida.
     — Harry es un pequeño rompecorazones— afirmó—, pero cuando se enamora, se enamora de verdad. Esa es la razón por la que sus relaciones nunca duran más de tres meses. Cuando he estado con ellos, siempre dice que si alguien le gusta de verdad, no tendría problema en comenzar una relación— explicó—. Dice que le gustaría poder compartir sus vivencias con una chica que le apreciara.
     — Muy profundo.
     — Sí— asintió—. En realidad, Harry es más maduro de lo que parece. Sería genial que tú y él...— se detuvo en medio de la frase y se echó a reír—, ya sabes.
     — Sí, lo sería— repetí en un murmuro.
     Me lanzó una mirada con una expresión que no logré captar.
     — No sabe aún nada de ti. Estoy segura que sabrá valorarte. Eres… perfecta para él— dijo—. Y él es tan buen chico que a veces resulta tremendamente surrealista e inverosímil.
    Después de que pagáramos, Perrie se detuvo en la entrada del Zara.
     — Espera Big Mike— detuvo al guardaespaldas, cogió su móvil y lo dio la vuelta—. Selfie con Emma Wells— vimos la foto y ella sonrió—. Con esa sonrisita te das un aire a Skandar Keynes que lo flipas. Ésta va…— me sonó el móvil—, a twitter. Mencionada y subida.
     La había subido con un divertido «Shopping time». Me reí. Cuando llegamos a la cafetería donde habíamos dejado a Zayn, estaba en la silla con su iPhone entre las manos, con cara de pocos amigos, conversando con el otro guardaespaldas. Alzó la vista.
     — Ya era hora— gruñó—. Me duele el trasero.
     Perrie me prometió que me presentaría también a Danielle, la novia de Liam, y quedamos en volver a vernos otro día para ir de compras con ella.
     Las cosas iban viento en popa.


     En cuanto llegué a casa me deshice de toda mi ropa y me tiré al sofá.
     Puse la BBC Three y empecé a cenar. Varios minutos después, me quedé anonadada y no pude evitar levantarme por la sorpresa. La presentadora comenzó a hablar mientras una foto del coche de Harry se veía de fondo en la pantalla gigante que había en el plató. Era la foto que nos hicieron los papparazzi al pasar delante de ellos la tarde que salimos con la pequeña Lux.

          «Hoy tenemos una muy buena noticia; el joven Harry Styles, miembro menor de la boy-band juvenil One Direction, parece que ha encontrado el amor. ¿Será otra de sus muchas relaciones o habrá consolidado por fin un romance?» 

     La pantalla se puso en negro y comenzó el reportaje. Empezó a sonar What Makes You Beautiful de fondo.

          «Harry Edward Styles, el más conocido por ser el rompecorazones por excelencia de la boy-band del momento One Direction, parece haber encontrado a una nueva compañera de aventuras con la que compartió, hace algunos días, una tarde romántica por Londres» 

          «La alarma saltó hace unos días, cuando el joven cantante subió una foto a su página de Instagram» pusieron en pantalla la foto que nos habíamos hecho en su coche. «Se trata de la joven Emma Wells, hija pequeña del productor internacional Arthur Wells. Ambos disfrutaron de una tarde de compras por la ciudad en la que se les vio en una actitud muy cariñosa en compañía de la hija de la estilista del artista»

     Salió un vídeo de muy mala calidad en la que se nos podía ver en el interior del oscuro Land Rover; yo estiraba la mano y le limpiaba las comisuras de la boca. El recuerdo provocó que me estremeciera 

          «Emma Wells es una chica natural y espontánea. Tal y como afirman sus más allegados, hace las cosas sin pensar en las consecuencias. Es alegre y divertida, y no tiene ningún reparo en mostrar su opinión. Es un espíritu libre y no le gusta que la controlen. Es apasionada con lo que hace y vive cada día como si fuera el último. ¿Será eso lo que habrá robado el corazón a Harry Styles?»

          «Emma Wells ha declarado en varias entrevistas que no busca el amor, simplemente deja que llegue a ella» 

     Entró en pantalla una entrevista que me hicieron algunos meses atrás. Cada vez que me veía en aquella clase de programas, no podía creer que la joven de la pantalla fuera la misma que lo veía desde el salón. ¡Era totalmente surrealista! 

          «Estoy bien. Me siento feliz y contenta» salía diciendo en la entrevista. «No permito que las cosas me desborden e intento tomármelo todo con un poco de calma. Vivo el día a día y disfruto de las cosas que me va brindando la vida» 

          «¿Cierras las puertas al amor?» preguntó el entrevistador. 

     Era extraño —no solo el hecho de verme a mí misma siendo entrevistada en la pantalla— que además tuvieran que doblarme del español al inglés con una voz que no se correspondía en absoluto con la mía. 


          «Creo que jamás he cerrado las puertas al amor» había afirmado yo. «Siempre es emocionante estar con una persona con la que poder compartir experiencias» 

          «¿Cómo sería tu hombre ideal?» 
la voz que doblaba al entrevistador era de lo más horrible. «¿Tendría alguna de las cualidades de tus antiguas parejas?» 

          «No hay un hombre ideal, simplemente un hombre adecuado a las necesidades de cada chica. Especialmente, creo que el hombre adecuado es aquel que te haga sentir orgullosa de quién eres. Eso es lo más importante» había respondido. «Yo solo pido que sea alguien sincero y optimista, alguien que me haga reír y me quiera. Necesito a un hombre que sepa valorarme y me haga vivir cada día como una nueva aventura» fue lo último que pusieron de mi entrevista.

          «Harry, por su parte, no ha querido hacer declaraciones ante los medios. Por ahora, Emma y él no son más que amigos pero, ¿hay algo más?. El cantante menor de One Direction, que parecía cómodo al lado de Emma Wells, no ha comentado nada sobre el tema en su página de twitter»
 volvió a decir la reportera, emitiendo esta vez algunos vídeos de Harry durante alguna entrega de premios y alfombras rojas. 

          «Esto es el típico cliché, pero todo el mundo quiere saberlo» dijo un entrevistador. Era una entrevista que le habían hecho por teléfono. Empezó a sonar Live While We’re Young de fondo. «¿Cómo definirías a tu chica ideal?»

     — Cliché total— susurré para mí y subí el volumen de la televisión.

          «No tengo un prototipo de chica. A algunas no les encuentro un atractivo inmediato pero pueden terminar gustándome por su personalidad. Me gustaría que fuera una persona metódica, elocuente y con la que poder hablar de todo. Creo que es un rasgo muy importante»

     Pusieron vídeos míos de una sesión de fotos que había hecho para Elle.

          «¿Entonces crees en el amor?»

          «¿Amor?» respondió Harry y soltó una risa. «Con el estilo de vida que llevamos, no tengo tiempo para eso, aunque he de admitir que no le cierro las puertas»

          «¿Te gustaría salir con alguien?» 

          «Nunca he sido de esos chavales que pensaban que había que huir de las niñas como de la peste y supongo que ahora ocurre exactamente lo mismo» contestó él. «Por ahora no busco novia; estoy viviendo un increíble momento profesional, pero si conociera a alguien que me gustara de verdad, no tendría problema en comenzar una relación»

          «Atractiva, elocuente, apasionada e inteligente» volvió a hablar la reportera y pusieron en pantalla vídeos intercalados de Harry y míos. «Un conjunto de cualidades que la joven tiene bajo su poder»

     — Oh, por favor— siseé y puse los ojos en blanco—. Exagerados.

          «Emma Wells y Harry Styles no parecen preocupados por la noticia» dijo de nuevo la presentadora. «Sin embargo, las fans del artista ya han mostrado su desacuerdo respecto a esta hipotética relación. Ninguno de los dos parecía buscar el amor pero, ¿lo habrán encontrado juntos? Por ahora... nos conformaremos con esto» enfocaron por última vez la foto en la que los dos salíamos en su coche.

     Terminó el reportaje.
     — Ya lo han visto— enfocaron de nuevo a la presentadora—. Si quieren más información, pueden visitar nuestra página web: tres uve doble…
     Apagué la televisión.
     ¡Dios! ¡Qué locura! La adrenalina corría por mis venas sustituyendo de este modo a toda mi sangre. Cogí el móvil y vi que Harry me había dejado un mensaje.

          «PON LA BBC THREE»

     Me eché a reír y le contesté: 

          «¿Actitud cariñosa? ¿Consolidar una relación? Es fascinante lo tremendamente exagerada que la prensa rosa puede llegar a ser»

     No era la primera vez que se me había relacionado con diversos artistas de talla mundial —independientemente de mis relaciones—, pero todo aquello era inverosímil. Me preguntaba qué pensaría Madison cuando se enterara de nuestra hipotética relación; o Víctor cuando descubriera que —supuestamente— había encontrado a otro chico con el que ser feliz; o Chad, mamá o papá.

          «En lo que a mí respecta, ha sido una noticia muy entretenida. Especialmente por las risas que se han echado los demás mientras lo emitían. Qué bochornoso. HAHAHA.» 

          «Pd: You and Me de Lifehouse» 

     Leí su último mensaje con una sonrisa de oreja a oreja. Encendí el MacBook y entré en Spotify, donde introduje la canción y la escuché. Cerré los ojos y permití que aquella dulce melodía se introdujera dentro de mí y me llenara de una sensación de bienestar. Cogí el móvil. 

          «Stop Crying Your Heart Out de Oasis» 

     Su respuesta llegó al instante:

          «¡Esa canción la canté en TXF en la bootcam, antes de que se formara el grupo! HAHAHAHAHA, gracias. Mejores recuerdos imposible. Que descanses, Em»


     Apagué el portátil y bloqueé el móvil. Me fui a la cama con una sonrisa y la melodía de Lifehouse grabada en la cabeza.


lunes, 17 de junio de 2013

Capítulo 5 | Irresistible


Jueves, 14 de febrero

     Me levanté de la cama a las diez y cuarto de la mañana.
     Lo primero que hice fue salir a la terraza y deleitarme con ese olor a tierra húmeda. Por lo visto, había llovido durante toda la noche y yo ni siquiera me había dado cuenta, aunque el cielo seguía nublado y un trueno me sacó de mi ensimismamiento, por lo que me apresuré a entrar de nuevo a trompicones. Adoraba Londres, pero el clima era una de las cosas a las que dudaba que consiguiera acostumbrarme.
     Me hice un café y tomé dos pedazos de bizcocho que había comprado varios días atrás. Dejé un pequeño bloc de notas sobre la mesita y escribía en él mientras me tomaba el desayuno; mordisquito al bizcocho, sorbo de café, palabra escrita. Dos televisiones, DVD, lavavajillas, secadora, lavadora, microondas, tostadora y un secador nuevo. Aquello era lo esencial, lo demás podría esperar.
     Era gracioso porque me prometí ir a comprarlo el día después del partido y habían pasado dos días desde entonces. Suerte que tenía ropa de sobra, porque en mi habitación había un montón de ropa sucia sobre el suelo que necesitaba lavar cuanto antes.
     El miércoles de aquella semana, me habían llegado varios WhatsApp de un número desconocido que no supe reconocer.

          «Escucha There's a Place For Us de Carrie Underwood. Acabo de encontrarla en Spotify y me he acordado de ti. I don’t know why, but it happen»

          «Por cierto, bonita cuenta de Instagram»


     En aquel momento no supe quién era, pero decidí escuchar la canción. Resultó ser Harry. Por lo que me puso más tarde, parecía que estaba en el salón de casa echándose una siesta.
     Una siesta con el móvil.
     Yo le dije que estaba escuchando I Don't Want To Miss A Thing de Aerosmith. Y él me recomendó otra. Y yo le recomendé otra. Finalmente nos pasamos toda la tarde hablando por el móvil, intercambiando opiniones de música y recomendándonos canciones entre nosotros.
     Y después de habernos escondido tras la pantalla de un móvil, había llegado el momento de volver a vernos. Yo necesitaba a un machito que me ayudara con los electrodomésticos y solo esperaba que fuese él. Por esa razón pensaba presentarme en su casa. ¿Por qué me lo iban a llevar los dependientes si podía ayudarme Harry?
     Quería volver a verle.
     Una vez que fue por la tarde y me eché una pequeña siesta en el sofá, me puse unos vaqueros pitillo, un simple jersey y unas bailarinas. Me solté el pelo, cogí un abrigo y el bolso, y salí de casa.


     Algunos minutos después, volvía a estar ante aquel imponente edificio de los chicos. Saludé a Edward —que ya sabía incluso mi nombre— y tomé el ascensor hasta la cuarta planta. No debería haber ido sin decirlos nada. Maldita sea, ¿y si Harry estaba con algún rollo en casa? No me había parado a pensar eso.
     Muerta de vergüenza, y en medio de un dilema psicológico, llamé al timbre. En el marco de la puerta vislumbré algunas pintadas con bolígrafo de color azul de: «Nosotros somos los mejores del mundo» en español y «Viva Irlanda». Pude imaginarme a Niall cual criminal, pintando el marco de su puerta en plena noche mientras los demás dormían, en un acto de rebeldía, y me eché a reír. La puerta se abrió y tragué saliva.
     «Mierda»
     Ante mí apareció Harry con un pantalón... y ya está. Llevaba solo un pantalón de chándal. Tenía el pelo revuelto y estaba medio adormilado. ¡Le había despertado de la siesta! Se estaba rascando los ojos con la mano y me miró con una expresión facial entre extrañado y sorprendido. La verdad es que yo también hubiera reaccionado de la misma manera si hubiera sido él el que hubiese aparecido en la puerta de mi casa despertándome de mi siesta. Lo más posible es que le hubiera pegado una patada en el culo.
     Miró dentro de la casa e hizo una mueca de lo más graciosa.
     — Has despertado a Lux— gruñó.
     Llevaba una cantidad incontable de tatuajes sobre el tórax; un cuerpo con más tinta negra que piel. No tenía un solo pelo en el pecho y los de los brazos apenas se vislumbraban, siendo éstos de un fino y tenue color. Desde su ombligo nacía un fino hilo de vello que se perdía bajo la cinturilla de sus pantalones. Su piel tenía un moreno singular y los abdominales se le marcaban a la perfección, trazando ligeras sombras entre el espacio que separaba unos y otros.
     — Lo siento— susurré.
     Me miró extrañado y frunció el ceño, después se encogió de hombros y me dio un pequeño y amistoso abrazo. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral.
     — No te esperaba— dijo y se separó—. ¿Por qué estás sonriendo?— preguntó casi creyendo que se debía a aquel abrazo. Yo señalé el marco con la mirada. Se asomó e hizo una mueca—. Puto irlandés— siseó. Se untó el dedo en saliva e intentó borrarlo pero todo fue en vano—. Menudo putón.
     — Deberíais atarle a la cama— propuse.
     — Eso ayer no estaba— me miró—. Te lo aseguro.
     — Necesito que me hagas un pequeño favor.
     Harry asintió y me invitó a pasar con un movimiento de cabeza. Cuando llegamos al salón, cogió en brazos a una niña pequeña que no alcanzaba los dos años. Era rubia. Harry la miraba embobado.
     — Ésta es Lux, la hija de Louise, nuestra estilista, aunque nosotros la llamamos Lou— dijo de inmediato—. Pequeña Lux, ésta es Emma Wells. Aunque nos haya despertado de la siesta, es una buena chica.
     La niña dibujo una sonrisa de lo más tierna y Harry se sentó con ella en el regazo. Me senté a su lado, cruzándome de piernas. Estaba muy acalorada y no precisamente por la alta temperatura del apartamento. Era como si todo aquel fuego que sentía fuera desprendido por el cuerpo de Harry y ese adorable instinto paternal.
     — Has tenido suerte— dijo—. Iba a abrir la puerta desnudo. Ahora mismo no llevo calzoncillos.
     — A Lux no le hubiera gustado esa escena.
     — Le encanta, créeme— sonrió—. ¿Qué necesitas?
     — Verás— carraspeé—; necesito comprar alguna cosilla de electrónica para casa.
     — ¿Necesitas dinero?— me interrumpió muy serio y se levantó del sofá para coger su chequera— ¿Cuánto quieres?
     — ¡No quiero dinero!— grité—. ¿De verdad crees que, precisamente yo, iba a venir hasta tu apartamento para pedirte un puñado de billetes?
     — No lo sé— contestó exasperado—. Has sido, precisamente tú, la que ha venido hasta mi apartamento. Nos has despertado de la siesta y dices que necesitas comprar cosas de electrónica para tu casa. ¿Qué quieres que piense?
     — Mi padre es Arthur Wells— dije por toda respuesta.
     — Y tú estás en mi casa— repuso—. Nos has despertado de la siesta.
     Parpadeé varias veces. No sabía si sentirme molesta o golpearle con la chequera en la cabeza.
     — Creo que nos hemos perdido.
     — Creo que sí— dijo él, que pareció haber recuperado su buen humor de nuevo y besó a la pequeña Lux en la sien. La niña mostró una sonrisa casi sin dientecillos.
     — Te voy a hacer un croquis— indiqué—: tengo un Audi. Caro y deportivo pero pequeño, y las cosas que quiero comprar son grandes. No caben en mi coche. Por eso os he despertado de la siesta.
     — Cómprate un Audi monovolumen— propuso, encogiéndose de hombros—. Es lo único que se me ocurre. ¿Qué piensas, Lux?
     — ¡Harry!— exclamé. ¿Cómo podía ser tan cateto?—. Necesito que me acompañes, por favor.
     — ¿Acompañarte?— repitió frunciendo el ceño, aunque le brillaban los ojos.
     — Sí.
     — Ésta es la ocurrencia más original que me ha propuesto alguien para pasar más tiempo conmigo— comentó Harry con una sonrisa pícara en el rostro y un aire de superioridad abrumador— Enhorabuena, Em.
     Me levanté del sofá y le miré con todo el odio del mundo reflejado en los ojos. Efectivamente había aprovechado la ocasión para pasar más tiempo con él pero tal y como lo había dicho parecía que quería tacharme de buscona descarada a tiempo completo.
     Dado que ellos eran las únicas persona que conocía allí, era evidente que quería pasar más tiempo con ellos, ¡porque eran los únicos con los que había hablado desde que había llegado! No me molestaba que lo hubiera dicho, sino que hubiera tenido el valor suficiente para decirlo.
     Las piernas me temblaban y las manos me sudaban.
     — Vete a la mierda— solté como una bomba.
     Me di la vuelta y me apresuré con grandes zancadas hacia la puerta hasta que una de sus manos se aferró con fuerza a mi brazo. Consiguió detenerme. Se puso delante de mí, cubriendo la puerta con su cuerpo, y colocó ambas manos sobre mis hombros. Debió de haber dejado a la pequeña Lux provisionalmente en el sofá. Su risita se extendía por el apartamento.
     — Por el amor de Dios, Emma. Era una broma— se exculpó sonriendo—. Jamás pensé que los españoles os tomarais las cosas tan en serio.
     — Se llama amor propio— le corregí.
     — Se llama tener mal genio— sentenció—. Deberías desayunar cereales con fibra. He oído que regulan el tránsito intestinal y hacen que estemos de muy buen humor. Te propongo una cosa; si tú los tomas, yo me comprometo a tomarlos también— bromeó descaradamente, olvidando por completo su comentario.
     Me agarró de los hombros por detrás, girándome sobre mí misma, y me dirigió de nuevo hacia el sofá. No sabía si molestarme o reírme. Si hubiera habido una tercera persona contemplando la escena, posiblemente fuera más cómico que serio.
     — Como tú los tengo a pares, haciendo cola y, además, comiendo de la palma de mi mano— le contesté—. No eres tan especial como piensas, Styles.
     — No lo dudo— Harry sonrió y, sin decir palabra, subió las escaleras del dúplex—. ¡No se te ocurra irte sin mí!— gritó desde arriba—. ¡Y cuida a Lux!
     Me puse en pie con la pequeña Lux en brazos y me acerqué al ventanal del salón. La gente caminaba encogida bajo sus abrigos y con los paraguas cubriendo sus cuerpos.
     — ¿Has visto?— susurré—. Tenemos suerte de estar en un lugar calentito. Imagínate que hubiéramos estado en la calle en este momento— la pequeña Lux me acarició el rostro con su pequeña mano—. Tú a mí también me has caído bien. ¿Sabes una cosa? Me gustan los niños, pero me da mucho miedo— cualquiera que me viera hablar con aquella niña me habría tachado de loca—. También me dan miedo las relaciones. No quiero que me hagan daño nunca más. ¿Quieres un consejo, pequeña? No te enamores o terminarán por hacerte mucho daño y…
     Alguien carraspeó a mi espalda.
     Harry se había puesto unos vaqueros negros muy ajustados —los mismos que el otro día—, un jersey de punto y aquellos horribles botines que no me gustaban en absoluto.
     — Se te van a mojar— señalé con la cabeza su calzado—. Está lloviendo. ¿Verdad que se le van a mojar, Lux? Díselo.
     Miró por encima de mi hombro hacia la calle y se encogió de hombros, indiferente. Se colgó unas gafas de pasta Ray-Ban en el cuello de la camiseta y cogió un sombrero de color beige.
     — Gracias por preocuparte por mí— intervino, al tiempo que cogía un abrigo marrón del perchero de la entrada y volvía a entrar al salón—, pero mis zapatos son inmunes a todo. Lux lo sabe.
     — Estoy segura de ello— asentí—, pero sigo pensando que lo mejor sería que te pusieras un calzado más adecuado para esta clase de tiempo— mecí a la niña.
     — Mis zapatos lo son.
     Aparté la mirada. Lo último que quería era discutir con él por que llevara esos horribles botines. Las cosas eran como eran: a pesar de lo feo de su calzado, Harry estaba resplandeciente.
     Me hizo una señal con la cabeza y salimos de su casa.


     Habíamos cargado todo lo que había comprado en su Land Rover. Los demás electrodomésticos me los llevarían al día siguiente. Harry había insistido en que nos lleváramos la televisión de plasma para el salón aquella tarde, poniendo como pretexto que él podría instalármela. Acepté.
     Eran las seis menos veinte.
     Estábamos en el monovolumen en silencio, como si la ausencia de ruido pudiera decirnos cuál iba a ser nuestro siguiente movimiento. Finalmente nos decantamos en ir al Starbucks de la Strand London, cerca de la Galería de Arte Nacional. Harry había salido del coche con las gafas del sol y el gorro puesto. Si se creía que por taparse un tercio del rostro la gente no le reconocería, el pobre chaval estaba muy equivocado. Yo cogí a la niña en brazos. Un par de fans se acercaron a él entre nerviosas, tímidas y muy exaltadas. Di un paso atrás mientras él se hacía fotos con ellas y las firmaba autógrafos. Entendía que fuera una figura pública y lo más normal era que le sacaran fotos cuando paseaba por la calle, lo que no alcanzaba a entender era que tuvieran que estar dándole la paliza veintidós de veinticuatro horas que tenía el día; las otras dos se las pasaba durmiendo la siesta.
     Y ahí estaba yo, en medio de un Starbucks con Harry Styles, sus decenas de fans y la hija de su estilista. Cuando las chicas se marcharon, Harry se giró hacia la barra y me miró por el rabillo del ojo con un brillo especial.
     — Pedimos y nos vamos— dijo—. En cuanto se corra la voz de que estoy aquí, las fans me acorralarán en la puerta.
     — Oh, venga— repuse—. Seguro que te encanta que todas esas chiquillas te acosen. Tu ego necesita alimentarse con algo y ellas te dan lo que buscas.
     Si lo que pretendía con aquello era que Harry se molestara, desde luego que no lo conseguí. Sonrió de medio lado y lanzó una carcajada, negando sutilmente con la cabeza.
     — Dos frapuccinos de vainilla, dos batidos; uno de plátano y… ¿de chocolate?— me preguntó y asentí. Se giró hacia la dependienta—. De chocolate. Y algunos muffins y galletas de chocolate para mi pequeña Lux— Harry acarició la mejilla la niña y ella soltó una risa.
     Había sacado la cartera dispuesta a pagar, cuando él puso el dinero sobre la barra sin apenas percatarse de que tenía que recoger la vuelta.
     — Quédese con el cambio— dijo él, guiñando un ojo a la dependienta, y salió del pequeño y local, sujetando el soporte de las bebidas con una mano y la bolsita con la bollería en la otra. Fuera estaba lloviendo a cántaros.
     El agua saltaba con fuerza sobre el pavimento y la gente corría atemorizada.
     — ¡Mierda!— le escuché gruñir entre dientes y me miró—. Creo que nos va a tocar correr.
     — No digas palabrotas delante de la niña— dije en su oído—. Y se te van a mojar los zapatos.
     Le arrebaté la bolsa con los muffins y eché a correr con la niña en brazos hacia el coche, que había dejado aparcado en una boca calle de la Strand London. Podía escucharle correr tras de mí y al instante se puso a mi altura, haciendo equilibrios con las bebidas para que no cayeran al suelo. Antes de llegar al vehículo, Harry se encargó de coger a Lux y sentarla en la sillita en el asiento trasero. Después entramos, pudiendo respirar tranquilos. Harry puso la música y comenzó a sonar Isn’t She Lovely.
     — No sabía que te gustara Stevie Wonder— dije.
     — Fue la canción que canté para mi audición de TXF— explicó sonriendo y subió un poco el volumen—. Fue el origen de un sueño.


     Las ingentes gotas de agua chocaban con fuerza contra el cristal del Land Rover de Harry. Nuestras pesadas respiraciones quedaban ahogadas bajo el chisporroteo de aquella inminente tormenta londinense. Los débiles rayos de sol que nos hubieron acompañado a lo largo de toda la tarde, parecía que se habían visto intimidados por aquellas grisáceas nubes y habían desaparecido.
     — Está lloviendo— se limitó a decir tras quitarse el abrigo y el gorro de lana. Movió la cabeza como un perrito desamparado, llenándolo todo de agua. Yo puse los ojos en blanco—. Ya sabes. Lo dijeron en el telediario.
     — Tu capacidad de deducción me ha dejado totalmente abrumada— respondí sin poder evitar el sarcasmo—. Yo no necesito ver el telediario para saber qué clima va a hacer en Londres. Y tú tampoco deberías.
     — No soy el hombre sexy del tiempo, Wells— siseó con una sonrisa de medio lado.
     — Puedo dar fe de ello, no te preocupes.
     — Dios, Emma— soltó una carcajada—. Tu sentido del humor es soso, simple y está decayendo con los minutos. I’m afraid.
     Dibujé una media sonrisa.
     — Eso mismo fue lo que me dijo David Beckham la noche que salimos solos a cenar, ¿sabes?— le contesté con descaro—. Exactamente lo mismo.
     Harry dejó el brazo a medio camino del asiento trasero, que iba a coger las bebidas. Me miró impasible, como si intentara atravesarme con aquellos dos enormes ojos verdes e intentara averiguar algo.
     — Lo mejor de todo es que todavía será verdad.
     — ¡Pues claro que es verdad!
     Silencio. Solo podíamos escuchar a Lux juguetear con su oso de peluche en el asiento trasero.
     — Me estás diciendo que has conocido a David Beckham. Has salido a cenar con él. ¿De verdad puedes contarlo con esta tranquilidad?— preguntó aturdido—. ¡Beckham es una leyenda y tú lo cuentas como si fuera lo más natural del mundo!
     — Es de lo más natural.
     — ¡Has cenado con Beckham! ¡A solas!
     — Sí— asentí—. Después nos fuimos a un hotel.
     — Venga ya— exclamó abrumado.
     —No te vacilo— le aseguré, agarrándole del brazo—. Pasamos la noche juntos. Aún no recuerdo cómo ocurrió todo. Estábamos borrachos y…, pasó. Como Victoria se entere de esto me colgará mi cadáver de la Torre de Londres.
     Harry se recostó en el asiento intentando engullir toda aquella información. Entrecerró los ojos, mirando al frente, y jugueteó con los dedos sobre el volante. Era más evidente que la noticia le había dejado KO.
     — Saliste a cenar con Beckham, pasasteis la noche juntos...— empezó a enumerar y no pude evitar la risa. Me subió por la garganta y me explotó en la cara—, y te estás quedando conmigo— terminó por decir sonriendo. Los rasgos se le relajaron y cerró los ojos. Yo me eché a reír—. ¡No tiene gracia!
     Harry podría ser una estrella del pop, pero la ingenuidad no se la podría quitar nadie. Una ingenuidad de lo más tierna.
     — ¡Tendrías que haber visto tu cara! Parecía que hubieras visto un fantasma.
     Él también se echó a reír. Cogió su batido de plátano y se lo puso entre las piernas mientras intentaba sacar la pajita. Había que ver lo atractivo y vehemente que podía resultar Harry en algunos casos, y lo verdaderamente torpe que podía ser en otros. Acerqué mi mano a sus piernas y le cogí el batido. Él sonrió complacido e introdujo la pajita.
     — Qué gran equipo— murmuró con un tono de voz cómico y alzó la mano abierta al aire a modo de high five. Solté una risita.
     Miré a Lux. Estaba completamente dormida.
     — Qué ricura— murmuré acariciándole la piernecita—. ¿A los chicos no les gusta estar con ella?
     — Lou tenía un acto hoy y no tenía con quién dejarla. A última hora me llamó pidiéndome que me quedara con la niña— dijo sonriendo—. Nos encanta estar con ella. Es adorable— sacó su móvil y disparó una foto—. La voy a subir. Seguro que a Lou le encanta.
     Aproveché para entrar en Twitter y fue entonces fue cuando comprobé que ya había crías que estaban insultándome por estar «saliendo» con Harry. Era evidente que las noticias corrían como la pólvora. No le hice el menor caso y guardé el iPhone de nuevo en el bolso.
     Di un sorbo a mi frapuccino de vainilla. El coche se vio bañado en una canción que conocía pero no lograba recordar. Agudicé el oído. Harry debió de leer a la perfección mi expresión facial, pues me miró directamente y dijo:
     — Broken Ones de Jacquie Lee.
     Asentí satisfecha. Aquella era una canción que me traía recuerdos. Demasiados recuerdos. Fue la canción que sonaba en el coche de Víctor la primera vez que nos besamos. Era una ridiculez como el propio Big Ben de grande y yo estaba al tanto de ello.
     — ¿Por qué te viniste a vivir aquí?— preguntó, interrumpiendo mis pensamientos—. ¿Es por todas esas relaciones acabadas en fracaso?— preguntó divertido—. Lo he buscado por internet: el futbolista del Bayer, Adam Levine, el tío putón que te engañó…, vaya historial.
     — Le dijo la trucha la trucho— repliqué—. ¿Qué hay de Flack o Swift?
     Frunció los labios.
     — Touché— sonrió—. Ahora en serio: ¿por qué viniste a vivir aquí? Quiero decir; en España todo estaba bien, ¿no? Algo tuvo que pasar para que quisieras tomar esta decisión tan descabellada.
     No contesté.
     — Eso no quita que no seas valiente— añadió de inmediato—. Yo no habría tenido el valor suficiente para marcharme a un país diferente, solo y sin conocer a nadie. Una decisión muy audaz.
     El silenció se adueñó del vehículo. Harry resopló, dándose por vencido. Solo podía escuchar las gotas de agua chocar violentamente contra los cristales y los acordes de Broken Ones que tanto dolor me estaban provocando. Pulsé sobre uno de los botones para que pasara a la siguiente canción. Empezó a sonar Strange Days de Bryan Ellis. «Mucho mejor» pensé.
     ¿Debía decirle a Harry cómo se sentía, por qué había hecho lo que había hecho y las causas de aquella «decisión audaz» o tragarme mis sentimientos?
     — Quería huir— susurré.
     Me miró.
     — ¿Huir?
     — Huir— repetí—. De mi familia. De mis relaciones. Quería apartarme de su mundo e incorporarme a otro diferente. No podía seguir viviendo a la sombra de ellos.
     — ¿Por qué? Quiero decir, ¡formas parte de la familia Wells! Cualquier persona en el mundo querría estar en tu lugar— argumentó firme—. Y tú, sin embargo, quieres huir. No termino de entenderlo.
     — No hay nada que entender, tú mismo acabas de decirlo— repuse—. ¿No te das cuenta? No soporto que me conozcan por las películas que haya financiado o los grupos que hayan firmado con Wells Records; ni por la famosa marca de mi madre; ni por la estúpida fama de mis hermanos. Quiero que me reconozcan por mis logros propios— Harry me miraba sorprendido—. ¿Por qué me conocen? ¿Por haber sido vista con Madison de compras en la Milla de Oro o con Chad en un partido en pista de los Lakers?— resoplé abrumada—. No quiero esa fama.
     — Supongo que te entiendo— susurró—. La fama es genial cuando es merecida. Muchas veces me sorprende todo esto— hizo un movimiento con la mano, dándome a entender todo lo que le rodeaba—: ¿puede alguien tener tanta fama? ¿Puede alguien merecer tanta fama a pesar de no hacer gran cosa? Lo único que yo tengo que hacer es ensayar de cara a los conciertos y preocuparme por no decir nada malsonante en las entrevistas. ¿Puede eso merecer tanta atención mediática?
     — Eso deberías preguntárselo a los medios— exhalé—. A ellos les fascina.
     — Nada es lo que parece— susurró, acariciando la pierna a la dormida Lux—. Las apariencias engañan y muchas veces tienes que hundirte en tu propia mierda para no arrastrar a los demás contigo.
     — Es gracioso— dije con una débil sonrisa— porque tan solo te conozco de un par de días y hasta ahora eres la única persona a la que le he confesado eso— él me miró complacido—. Nadie sabe la verdadera razón por la que huí cual cobarde.
     — No creo que fueras una cobarde— negó con la cabeza—. Simplemente creo que supiste poner un punto aparte y continuar con una nueva historia. Eso es un gran paso.
     — ¿Qué te preocupa?— le pregunté—. Es tu turno.
     Soltó aire.
     — Todo el mundo cree que soy un chaval que solo tiene que preocuparse por salir bien en las fotos y cantar bien una noche sí y otra también. No se dan cuenta de que la persona que hay ante las cámaras es alguien totalmente diferente a la que se esconde tras ellas. Ese Harry Styles— trazó una figura en el aire, refiriéndose a la estrella del pop mundial— no tiene nada que ver con éste— se señaló a sí mismo—. No es más que un personaje.
     — Supongo que todos tenemos el mismo problema— susurré.
     — Las fans creen que te conocen solo porque te ven ante las cámaras, creen que saben quién eres en realidad. Deciden por ti. No se dan cuenta de que solo saben lo que nosotros queremos mostrar— terminó por decir y el vehículo quedó en silencio una vez más.
     No dije nada. Tampoco había nada que decir.
     — Cuando alguien te conoce, es blanco o negro— intervino de nuevo. Su voz grave inundaba el monovolumen con una agradable sensación de bienestar—. Irán a sus amigos y dirán «es muy majo» o «es bastante imbécil», porque decir que alguien «es normal» no vende.
     Entrecerré los ojos. Parecía mentira que Harry tuviera un lado tan sensible y maduro. Un lado que muy poca gente conocía.
     — Bueno— dijo de inmediato—, se acabó.
     — Una conversación agradable— contesté.
     Él soltó una carcajada y dio un gran mordisco a un muffin. Las comisuras de la boca se le llenaron de chocolate. «¡Ahora!» gritó mi voz interior. «¡Hazlo!»
     — Espera— murmuré—, no te muevas.
     Me tapé la palma con un trozo de tela de la sudadera y alargué el brazo para apartarle los restos de chocolate. Me tembló la mano y decidí apartar la tela de por medio. Piel con piel. Jamás había sido tímida con los chicos, pero Harry tenía ese efecto sobre mí. Finalmente toqué la comisura de sus carnosos labios. Se me tensaron todos los músculos y me estremecí por aquel dulce contacto. Su piel estaba fría. Dejó que le limpiara y sonrió. Rápidamente la aparté.
     — ¿Dónde estaban los chicos?— curioseé—. Me ha extrañado que Louis no estuviera dando voces por ahí. 
     Harry me sonrió y tomó un sorbo de café.
     — Y poniéndolo todo de por medio— añadió—. Louis y Niall han salido de compras con el equipo de uno de guardaespaldas. Liam y Zayn han quedado con sus novias. Antes de que empiece el tour, queremos aprovechar todo el tiempo libre que tenemos.
     «Está pasando su tiempo libre conmigo» pensé. «Y con la pequeña Lux» añadió mi conciencia.
     — El Take Me Home— dije orgullosa—. Me compré vuestros discos. No estáis tan mal como pensaba. Me gustan vuestras canciones, a pesar de ser la típica banda de pop comercial.
     — Bueno es saberlo— respondió. Sacó el móvil, lo desbloqueó y me lanzó una sonrisa de lo más tierna. Se inclinó sobre mí—. ¿Una selfie para mis chicas?— enarqué una ceja y se explicó de inmediato—: mis fans.
     —Una selfie que terminará por matarme— exhalé—. Tus fans me odiarán de por vida. Ya se me están empezando a echar encima. Me harán bullying.
     — Pero yo no— contestó. Puso el móvil entre nosotros, activó la cámara interior y sacó la foto. La miró—. Qué guapa. Para Instagram— susurró—. It’s… raining… man… and we’re having a hot coffeeeeeeee— bisbiseó por lo bajo al tiempo que escribía con sus larguísimos dedos—. Subida.
     — Toda una declaración de intenciones— dije sacando mi móvil de nuevo.
     — Ya tiene más de mil likes— exclamó orgulloso, mostrándome la pantalla. De repente se le tensaron ligeramente los músculos y dejó el móvil a un lado—. Emma— me dijo con total tranquilidad, encendiendo el motor—. Escóndete bajo algo.
     — ¿Qué mierdas dices?
     — Ponte tus gafas— acotó de inmediato— y el gorro.
     No entendía nada, pero así hice. Abrí mi bolso y me puse mis Ray-Ban de pasta y su gorro, tal y como él había ordenado.
     — Hay paparazzi fuera— soltó como si fuera lo más natural del mundo, que en cierto modo, lo era—; parecen fotógrafos. A la izquierda. Tendremos que pasar por delante de ellos.
     Agudicé la vista y pude verlos entre el espeso follaje de la Strand.
     — Los veo— afirmé—. Tres o cuatro. Arranca el coche.


     No sé cuánto tiempo después, Harry encontró un hueco en la mismísima puerta de mi edificio. De camino, habíamos parado en casa de Lou para dejarle a la pequeña Lux, que seguía completamente dormida. Nos dieron las gracias y Harry me había llevado a casa. Fred y Steve —el conserje de día y el vigilante de noche del edificio, respectivamente— me saludaron con la mano.
     — Sal del coche. Ya bajo yo todo— me dijo.
     — No es necesario— respondí—. Les diré a los conserjes que lo suban. Muchísimas gracias.
     — Insisto.
     Antes de que pudiera hacer nada, salió del coche y cogió la televisión. Fred y Steve salieron en su ayuda. Harry les dio las gracias con una de sus mejores sonrisas. Esa clase de sonrisas que rompen corazones.
     Dejaron la televisión en el hall del edificio. Fred llamó al ascensor y Harry volvió a salir con Steve a coger el resto. Metimos todo en el ascensor y me lo dejaron en casa. Di las gracias a los conserjes y se marcharon, quedándome a solas en mi casa con Harry. ¡A solas!
     Me quité la sudadera y me quedé con el jersey. Miré a mi alrededor y me arrepentí de no haber recogido la casa, era un desastre.
     — ¿Quieres que te ponga la televisión?— preguntó mientras se paseaba con curiosidad por el apartamento.
     — Me harías un gran favor, si te soy sincera— admití.
     Harry asintió. Dijo que esperara un momento y se asomó a la terraza. Había empezado a llover de nuevo.
     — Bonito apartamento— dijo—. Espacioso, lujoso y... demasiado desordenado.
     — Lo siento, Harry.
     — ¿Me pides perdón por tener la casa desordenada?— preguntó entre risas—. No pasa nada, era broma. Nosotros no somos lo más indicados para criticarte.
     — Los medios nos han visto juntos. Lo más seguro es que cualquier día de esto salgamos en alguna revista de la prensa rosa bajo el título: «Harry Styles y Emma Wells. ¿Amor verdadero o temporal?»
     — Oh, por favor— hizo un movimiento con la mano para quitarle importancia—. Si me hubiera interesado lo más mínimo, te hubiera echado de mi coche y tendrías que habértelas apañado como pudieras— sonrió—. No me importa que los medios me vean contigo. Contigo ni con nadie. Es normal. Soy un personaje público. Es más, estoy acostumbrado. Igualmente, me he comportado como un crío. Quiero decir: he subido una foto nuestra a Instagram, las fans nos han visto pero, sin embargo, me he vuelto loco ante las cámaras.
     — Lo has admitido— sonreí—. De acuerdo, si insistes tanto tendré que perdonarte.
     Soltó una carcajada.
     No solo había tenido que perder la tarde conmigo, sino que nos habían visto juntos. No era que me importara, pero no quería que estuviéramos en boca de los medios durante a saber Dios sabe cuánto tiempo.


     Después de haberme instalado la televisión con éxito, Harry volvió a quedarse de pie ante los cristales que daban a la terraza, observando con atención la lluvia que caía del cielo. Tenía las manos enlazadas a la espalda. Le llevé una cerveza y dio un sorbo.
     — ¿Ocurre algo? No seguirás dándole vueltas a lo de antes, ¿verdad?
     — Solo estaba pensando— enarqué una ceja y sonreí, dándole a entender que podía confiar en mí—. Me gustaría encontrar a una persona que fuese sincera y que estuviera conmigo solo por como soy. No quiero que una chica salga conmigo por esto…
     — Cuando dices «esto», te refieres a...
     — El dinero, la fama...— me interrumpió—. Quiero estar con una persona que sepa valorarme como Harry. Como este Harry y no como a ese Harry que todos creen conocer. Me gustaría poder distanciarme y pensar: «Si no tuviera nada de todo esto, ¿le gustaría a esta persona?»
     — La hay— le aseguré—. Es solo cuestión de tiempo. Nunca es fácil saber si la gente se acerca a ti por cómo eres o por todo lo que posees, pero es solo una cuestión de perspectiva. Si sabes quién eres, la gente sabrá quién eres. Esa es la clave.
     Me miró de medio lado y dio un sorbo a su botellín. De inmediato, adquirió una pose divertida y me rodeó los hombros con un brazo.
     — Eres toda una caja de sorpresas— me dijo—. Igual que ese montón de ropa que tienes tirada en el suelo de tu habitación. ¿Cómo lo consigues?
     — Bueno, ¿conoces algún truco para hacer que siete metros cuadrados de ropa quepan en tres metros cuadrados de armario?
     No me sorprendí lo más mínimo cuando dijo:
     — Por supuesto.
     — No quiero saberlo— alcé las manos al aire.
     — Tengo muchos más trucos bajo la chistera— bromeó—. Puedo dejarte abrumada con cualquiera de ellos.
     — Ya estás empezando.
     Sonrió.
     — Tengo que irme. Niall va a hacer hoy para cenar unos tacos— dijo—. Y yo adoro los tacos, por si no lo sabías.
     Harry me dedicó una de esas sonrisas con la que se le marcaban los hoyuelos y se llevó los dedos al pelo para colocarse los rizos. Insistí en acompañarle hasta el portal. Quería pasar más tiempo con él.
     Abrió la puerta y pasó por delante de mí.
     — ¡Eh!— gruñí—. No eres menos caballero por ser una estrella del pop— le agarré de la solapa del abrigo y le obligué a entrar de nuevo en casa. Cerré de un portazo—. Ahora me la abres y me dejas pasar. ¡Educación, Styles! ¡Educación!
     Soltó una sonora carcajada y me dejó pasar delante de él, haciendo una aparatosa reverencia. Incliné la cabeza y sonreí.
     Cuando llegamos al portal, Fred se había marchado a casa y Steve estaba en la puerta con las manos en su cinturón, luciendo orgulloso su placa de Vigilante de Seguridad. Harry y yo salimos fuera. La lluvia había amainado.
     — Me lo he pasado bien— dijo sonriendo—. La tarde ha estado mejor de lo que yo esperaba. Y no he tenido que poner un duro. Lux se lo ha pasado muy bien también.
     — Solo necesitaba un coche grande— le advertí.
     — No— negó—. Necesitabas a un tío buenorro que condujera un coche grande.
     Le miré a los ojos y sonreí. Definitivamente Harry me gustaba. Me gustaba mucho. No igual que lo hizo Víctor, pero era una atracción muy fuerte. O tal vez eran suposiciones mías. Podía mirarle a los ojos y darme cuenta del tipo de persona que sería en el futuro; de lo mucho que significaría para mí.
     — Te mandaré unas entradas VIP para el primer concierto del Take Me Home Tour en el O2 Arena— anunció de repente—, ¿te apetece?
     Asentí emocionada y él me dio un beso en la mejilla. El suave vello de su rostro me hizo cosquillas.
     — Llámame.
     Fue lo último que dijo antes de salir corriendo hasta su coche. Sonreí y me di la vuelta camino de mi apartamento.
     No me importaba cómo hubiera sido Harry con las demás chicas con las que había estado. Solo me importaba una cosa: cómo era conmigo. Y desde luego, me encantaba. Era tierno y protector; se había abierto a mí y me había mostrado su lado más sensible
     Si mis padres me hubieran visto en aquellos momentos lo más posible es que hubieran pensado que era una cría inmadura, permitiendo que una persona como Harry comenzara a gustarme. Mamá me hubiera dicho que no podía confundir la atracción con el enamoramiento. Papá simplemente se ceñiría a lo de «la gente nos utiliza, Emma. No confíes en nadie, ni siquiera en tu propia sombra». Me tumbé en el sofá, puse el hilo y Collide de Howie Day inundó el apartamento.
     Cerré los ojos sabiendo que Harry y yo podríamos tener una historia de amor. Solo era una pequeña cuestión de tiempo. Quería enamorarme de él y deseaba que él se pudiera enamorar de mí, y para conseguirlo solo teníamos que seguir el camino que habíamos emprendido durante los últimos días sin desviarnos un pelo. Era una cuestión de concentración; juntos podíamos llegar más lejos y, por mi parte, estaba dispuesta a hacerlo todo o más. Sería bonito compartir una historia junto a él.

     Harry era irresistible y yo, ni podía, ni quería, permanecer impasible a sus encantos.