miércoles, 2 de octubre de 2013

Capítulo 28 | Back For You



Martes, 16 de diciembre 


     Los copos de nieve caían del cielo como pequeñas motitas de polvo blancas al ritmo del viento invernal que los desplazaba de un lado a otro. Preciosos a la vista de todo el mundo pero insignificantes, al fin y al cabo. 



     La gente caminaba por la calle con los cuellos de sus abrigos levantados, las manos en los bolsillos, gorros que los tapaban la mayor parte del rostro y encogidos como animalillos indefensos; los coches circulaban con precaución por la calle nevada y Hyde Park mostraba un manto de nieve, de un blanco brillante, del que te habría quemado los ojos en el caso de que hubiera salido el sol. Por desgracia, estaba escondido bajo un sucio y oscuro cielo gris. 
     La temperatura en casa, gracias a la calefacción, era agradable. Harry estaba en la cocina en calzoncillos y con una camiseta blanca. Preparaba el desayuno con mucho esmero mientras yo estaba sentada en el sofá, con las piernas encogidas y recogidas junto a mi pecho.
     Hacía dos semanas que se había celebrado el juicio contra Simon, que se había retrasado. Yo había tenido que ir a declarar como testigo. Se mostraron todas las pruebas contra él y se escuchó atentamente su declaración.
     — No tenía planeado ir a por Emma— había dicho él, ignorando por completo a su abogado—. Fue un capricho del destino el que apareciera en mi camino. Fue entonces cuando supe que era el momento de acabar con Arthur Wells, utilizando a su hija. Dos pájaros de un solo tiro.
     — Y no te salió bien— había dicho el fiscal que lo interrogaba.
     — La odiaba más que al propio Arthur— había contestado Simon—. Cuando supe que había sido ingresada de urgencia, solo deseaba que muriera. Sola, hundida y humillada.
     El fiscal se puso en pie con todo el odio reflejado en sus ojos y salió de la sala. Simon había confesado todos los delitos. No eran necesarias más pruebas.
     Fue condenado a veinticinco años cárcel. Cuando Simon pasó por mi lado —llevado por dos civiles— el día del juicio, me lanzó una sonrisa cargada de odio, desprecio y, esencialmente, venganza.
     Por otro lado, había recibido aquella carta hacía algo más de mes y medio.
     Cada vez que la sacaba del bolso, me levantaba un miedo malsano. Estaba aterrada. Papá pasó por alto aquello y, sin embargo, Simon se vengó de él de todas formas. A pesar de todo, yo no se lo había contado a nadie.
     El grupo había sacado su cuarto álbum de estudio a finales de noviembre bajo el nombre de FOUR, con canciones tan comerciales como románticas. En diciembre acompañé a los chicos a Madrid —tocaban en los Premios 40 Principales—. Esa misma noche ellos volaron a Francia y yo pasé algunos días con mis padres y Madison allí. También pude ver a Víctor.
     Harry y yo haríamos dos meses juntos la tercera semana de diciembre.
     Las fans, por suerte, habían bajado los humos. Me criticaban, pero muchas de ellas me habían aceptado bastante bien. Por otro lado, mi relación con Harry no era como la de Víctor; con él me metí en la cama al tercer mes de relación, con Harry no. Llegamos a dormir juntos, desnudarnos hasta el extremo de que nuestros cuerpos solo se separaran por la tela de sus boxers y la de mi ropa interior. Cuando estábamos a punto de ir a más, algo me frenaba. Mi sexto sentido me decía que parara, que algo no estaba bien, aún sabiendo que le deseaba. Mi cuerpo le deseaba con todas sus fuerzas, pero era incapaz de hacer nada. Harry siempre me miraba con cara de: «Tú mandas. Cuando tú quieras. No quiero presionarte», cosa que agradecía mucho. Él tampoco había criticado mi comportamiento, simplemente se había tumbado a mi lado y abrazado por la espalda hasta que me quedaba dormida.
     A fin de cuentas, ¿cómo iba a acostarme con él con todo lo que me venía encima? Cada vez que estaba cerca, me preocupaba más por su seguridad que por la mía misma y el hecho de abrazarle hacía que tuviera la sensación de tenerle protegido.
     Me abracé las piernas con los brazos y la venda que tenía en la parte exterior del antebrazo me tiró como cuando me depilé las piernas por primera vez con cera. Un tirón ardiente. Tuve que morderme el labio y ahogué un grito. Acto seguido, Harry apareció en el salón con una bandeja sobre las manos; huevos, bacon, café y tostadas. La puso sobre la mesa y se sentó a mi lado.
     — Deja de hacer tanta comida— gruñí—. Me vas a poner gorda.
     — No es mi intención— dijo sonriendo.
     — ¡Mírame! Estoy claramente rechoncha.
     — Estás demasiado delgada. Eso lo dices porque te miras con muy malos ojos. Eres demasiado crítica— se recogió el pelo en una divertida mini-coleta, me levantó el brazo y quitó la venda—. Deja que te eche el antibiótico— hice una mueca y expiré todo el aire que tenía comprimido en los pulmones—. Lo siento— se disculpó, apesadumbrado—, ¿te he hecho daño? Lo tienes bastante infectado. Parece que está a punto de explotarte. ¿Te duele mucho?
     Eché una mirada a mi nuevo tatuaje que brillaba bajo la pálida luz gris del exterior, resaltando los bordes rojos de «Unbroken». Estaba muy hinchado y sangraba por los bordes. Harry pasó sus dedos por las letras del tatuaje y me mordí el labio tan fuerte que noté el agrio, caliente y salado sabor de la sal en la boca. Harry me había acompañado a hacerme el tatuaje unas semanas atrás y después de algunos días supe que no había cicatrizado bien: comenzó a dolerme y a sangrarme. Me acompañó a un dermatólogo y me dijo que estaba infectado. Tenía puesta una venda y me veía obligada a echarme una crema antibiótico con frecuencia.
     Unbroken.
     Estaba intacta y era irrompible.
     Un grito de guerra y valentía.
     — Te voy a echar la crema. Procura no desangrarte, ¿vale?— bromeó, pasándome los dedos por la sangre del labio y comenzó a extenderme el potingue sobre la zona afectada. Sus dedos trazaron leves círculos al mismo tiempo que un escalofrío se extendía por todo mi brazo. Levantó la mirada y la desplazó desde mis ojos, hasta mi cuello para llegar a mis caderas y volver a subir.
     Alargué mi mano. Le acaricie las mejillas, su “barba” incipiente, sus orejas —antes siempre escondidas bajo sus rizos—, sus cejas. Le quería tanto que a veces sentía que me iba a explotar el corazón en mil pedazos. Sin embargo, Harry no sonreía, era como si por su cabeza pasara la idea de volver a perderme.
     Me incliné y posé mis labios sobre los suyos.
     — Deja de pensar en eso.
     Asintió sutilmente con la cabeza.
     — Si me lo permites, voy a bajar a la farmacia a comprar más crema— se puso en pie—. Tú, mientras tanto, desayuna— ordenó.
     — ¿Desayunar? Por el amor de Dios, Harry. Tienes reloj, ¿has visto que hora es?
     Hizo una mueca divertida y se miró la muñeca: el reloj —que también era bastante feo para mi gusto—. Algo más que añadir a mi lista de cosas que no me gustaban de Harry, junto con sus horribles botines marrones, que tenían la suela comida por su uso excesivo y el color se había esfumado casi por completo, y aquellos vaqueros con los que iba a todas partes. Parecía que no tenía otros.
     — Es la una y veinte— me informó—. Voy a coger el horario español por tu culpa. Y no. No me gusta este horario. Me parece inadecuado. Voy a casa a por una cosa, me paso por la farmacia y ahora vuelvo— se puso los vaqueros que tenía sobre el respaldo del sofá y se calzó—, y cuando llegue, quiero ver esa bandeja vacía— sentenció divertido, cogió una de las tostadas que había sobre la bandeja y me dio un beso en los labios—. Voy a coger tu coche. Luego vuelvo.
     Cerró la puerta y sonreí. Estaba enamorada, más que nunca. Miré al frente, hacia la televisión. Sobre las estanterías y el mueble sobre el que se alojaba, había colocado varios marcos con fotos: una muy grande con mis hermanos y mis padres cuando estaba en España, otra con mi padre, varias con Chad, algunas con Dani, un par con Víctor, incontables con los chicos y una con Harry.
     En la foto, estábamos él y yo sobre las escaleras de una biblioteca de Londres; él sentado un escalón por debajo de mí con la réflex de Zayn en las manos mientras me enseñaba alguna foto realizada. Había intentado imitar la que se hicieron Jace y Clary en el libro y se asemejaba bastante. Se nos veía felices, tanto como entonces o incluso más.
     Objetivo cumplido.
     Me levanté y cogí el iPhone de Harry de encima de la mesa del salón para mirar la hora —el mío estaba en la habitación y no me apetecía lo más mínimo levantarme a por él. Pulsé el el botón del centro de su móvil y en lugar de mirar la hora, me quedé absorta con un mensaje que le había recibido por WhatsApp aquella misma mañana a las diez.

          «Tenemos que hablar, por favor. Te quiero» 

     Era de Cara Delevingne. 
     Se me hizo un nudo en la garganta y algo me oprimió el pecho. Fue como si me hubieran lanzado una piedra al estómago y me cortara la respiración. ¿Harry y Cara? ¿Me estaba engañando? Me puse en pie rápidamente y pude ver el movimiento de algo blanco en la puerta. Era otra carta.
     No podía ser que todo me estuviera pasando tan de golpe.
     No podía pasarme todo a la vez.
     No podía.
     Las lágrimas comenzaron a escocerme en los ojos y miré a la luz. Era como una pesadilla. Primero GQ. Después Simon y sus jodidas cartas anónimas y, para engrosar la lista, Cara. Me pasé la palma de las manos por los ojos y me obligué a no llorar. No me atreví a abrir la puerta para ver quién era quien la había metido. Me aseguré que estaba echada la llave y abrí el sobre.

          «Se me había olvidado decirte que el día del juicio estabas arrebatadora. Increíblemente valiente. Enhorabuena, Wells. Disfruta de la vida mientras puedas»

     Leí el mensaje varias veces más.
     Claro y conciso.
     Dejé de ser dueña de mis actos. Fui a mi habitación en busca de droga. Necesitaba drogas. Necesitaba sentir el calor abrasador que estas me daban. La ausencia de dolor. Necesitaba sentirlas de nuevo en mi cuerpo. Necesitaba sentirme viva de nuevo. En uno de los bolsos de Gucci encontré un frasco en el que solo me quedaban dos. Las miré unos segundos antes de tragármelas sin agua y fui a la cocina. Apoyé ambas manos en el mármol de la encimera y rompí a llorar. Cogí un mechero y quemé la carta. Pude ver cómo las llamas consumían el papel lentamente dentro de la pila. 
     Chillé por la rabia que sentía. Por el dolor que me consumía.
     El juicio que se celebraría en enero estaba perdido, Simon me estaba amenazando y Harry me estaba engañando con una modelo. 
     Odiaba mi vida. Odiaba a Simon. Odiaba todo. Finalmente cogí un cuchillo y lo coloqué sobre mi muñeca izquierda y apreté tan fuerte que un hilillo de sangre comenzó a manar de un nuevo corte. Ni siquiera sabía por qué estaba haciendo aquello. Me estaba sintiendo increíblemente débil y vulnerable. Patética y humillada. Sin embargo, de alguna manera aquel era el único dolor que podía controlar. Necesitaba dejar de sentir el dolor emocional durante unos minutos y el efecto de las pastillas no era suficiente.
     «Estás cediendo. No lo hagas, Emma. No»
     Me hice otro corte vertical en la muñeca izquierda un poco más profundo del que comenzó a salir una cantidad considerable de sangre. No tan grave como los que me hice el día que podría haber muerto, pero sí más severo que el que me había hecho aquella noche.
     Entonces los tatuajes brillaron con su tinta negra como nunca antes lo habían hecho, en total plenitud, como si me intentaran impedir que cometiera una locura aún mayor. En cierto modo, aquel el objetivo por el que me los había hecho. Bajé el cuchillo con sutileza y cayó con un golpe seco, al igual que yo, que me dejé caer al suelo, hecha un pequeño ovillo con el cuchillo a varios centímetros de mí y apoyada contra el lavavajillas. Me pasé los dedos por las muñecas y me empapé los dedos con mi propia sangre. El efecto de la droga me mantenía despierta. 
     Tenía que ser fuerte.
     Tenía que permanecer fuerte.
     Me lo había prometido y yo siempre cumplía mis promesas.
     El golpe de la puerta me despertó. Harry entró en la cocina. Llevaba una bufanda, el cuello del abrigo levantado y el pelo lleno de copos blancos mientras refunfuñaba sin darse cuenta de presencia y estado. Posó su mirada sobre mí y abrió los ojos de par en par. En ellos pude ver grabado el terror. Aquel simple detalle hizo que rompiera a llorar de nuevo. Lanzó las bolsas sobre la encimera y, sin quitarse el abrigo, corrió y se agachó de rodillas a mi lado.
     — Dios mío, Emma. ¿Hace cuánto que no tomas los anti-depresivos?— preguntó tan rápido que casi ni pude entenderlo y miró el cuchillo que había a mi lado. Los ojos se le abrieron de par en par y todos sus movimientos fueron más rápidos. Se manchó con mi sangre. Tuvo que levantarse a por un trapo para poder tapar la hemorragia—. Joder, Emma…— susurró aterrado—, no sabía que estabas tan mal, joder— le temblaba la voz, como si se fuera a poner a llorar. Me pasó una mano por el rostro para apartarme las lágrimas. Apartó el cuchillo de un solo manotazo y me abrazo con fuerza, apenas me dejaba respirar.
     Al cabo de algunos minutos, después de que yo dejara de llorar y mi hemorragia se detuviera, le propiné un manotazo con toda la fuerza que había acumulado en apenas segundos y me deshice de él. Su rostro estaba tan sorprendido como aterrado y enfadado.
     — ¿Qué ocurre?— preguntó.
     — ¿Que qué me pasa?— respondí con una risa irónica que no pude contener y me explotó en la boca—. ¿Todavía tienes los huevos suficientes para venir a preguntarme qué me pasa? ¿Qué coño te pasa a ti?
     Frunció el ceño y comenzó a quitarse el abrigo pero sin apartar su mirada preocupada de mí —especialmente de mi muñeca tapada con una tela—, como si no entendiera ni una palabra de lo que le estaba diciendo.
     — No sé de lo que estás hablando— afirmó—. Emma, por favor. Deja que te vea eso— señaló mi muñeca. 
     — No me toques.
     Instintivamente cogí su iPhone de la mesita del salón —sujetándome aún el trapo— y se lo lancé con fuerza. Él lo cazó al aire. Miró la pantalla.
     — Todo esto tiene una explicación lógica.
     — No, ¡no la tiene!— vociferé. Tomé aire y cerré los ojos. Conté hasta tres para calmarme y volví a abrirlos, esta vez más tranquila—. ¿Cuánto tiempo llevas engañándome con ella? ¿Un mes? ¿Dos?
     — No te he engañado con ella. Te juro que jamás te he engañado con ella— entonces abrió los ojos de par en par—. ¿Por eso te has hecho eso?— me señaló con el dedo—. ¿Por Cara?
     — Tienes un mensaje de ella diciendo que te quiere en la bandeja de entrada de tu móvil— respondí furiosa sin contestar a su última pregunta—. O ella es imbécil o es que yo soy tonta.
     — No la insultes— dijo muy serio—. Cara no te ha hecho nada.
     Solté una débil carcajada.
     — Jamás me habría esperado esto de ti, Styles.
     — Deja de usar mi apellido cada vez que tengas ganas de discutir. No, lo siento, corrección: deja de usar mi apellido cuando quieras discutir sin razón aparente.
     — ¿Sin razón aparente? Por dios, Harry. ¡Que tienes un mensaje diciendo que te quiere en tu móvil! ¿Qué parte de eso no entiendes? ¡Eso no es discutir sin razón aparente!— exclamé—. ¡Joder, primer esto y luego Simon! No puedo soportarlo más— terminé por musitar.
     — ¡Ella por lo menos se abría de piernas!— me interrumpió con un fuerte grito por primera vez desde que había empezado la discusión. Tenía los ojos inyectados en fuego y le temblaban las manos. Jamás le había visto así. No estaba enfadado, estaba furioso. Entonces cayó en la cuenta de aquello último que había dicho—. Espera, ¿has dicho Simon?
     Sin embargo no podía escucharle. El abismo se abría a mis pies y estaba cayendo con fuerza, contra el suelo que se empezaba a agrandar a mi paso. Y caí, y me golpeé. Y mi cuerpo dejó de ser mi cuerpo. Se disipó. El Harry preocupado, sensible y cariñoso había desaparecido. En su lugar, había un Harry serio, duro y sin corazón que había destrozado el mío y lo había hecho pedazos con solo una frase, como si me hubiera lanzado el cuchillo que todavía estaba tirado en el suelo hacia el corazón, y hubiera dado de lleno.
     Le miré aterrorizada y dolida. En sus ojos pude palpar la culpabilidad.
     — No quería decir eso— su tono de voz se había ablandado. Me apreté los codos con las manos, intentando ocultarme y darme calor para evitar que nada pudiera hacerme daño, pero era demasiado tarde: mi propio novio me lo había hecho—. Em, ¿qué ocurre con Simon? ¿Qué me estás ocultando?
     — No me llames así— respondí, cortante. No quería contestarle—. Creo...—comencé a decir, pero mi voz quedó en un susurro. Me aclaré la garganta—, creo que deberías irte.
     — Emma, por favor— dijo, aunque su tono de voz se acercaba a una súplica más que a una afirmación. Caminó despacio e intentó agarrarme de las manos.
     — Está claro que no le hemos dado el mismo valor a nuestra relación— suspiré y miré a otra parte para espantar las lágrimas—. Por favor, Harry. Vete de aquí.
     — Quiero saber qué pasa con Simon— insistió preocupado.
     — Vete— le agarré de las muñecas con fuerza y le clavé las uñas—. Necesito pensar. Están siendo demasiadas cosas en tan poco tiempo. Déjame estar sola.
     Sentí cómo se le tensaban los músculos de los brazos, pero no me importó. Abrí la puerta de la entrada y le eché. Lancé su chaqueta y su bufanda contra él y, sin escuchar sus súplicas, cerré la puerta con un golpe seco. Me apoyé en ella, dejándome caer hasta el suelo con las lágrimas cayéndome por las mejillas y la sangre que aún salía de mi muñeca manchando el trapo. Mi corazón lloraba mi amarga tristeza que dejó rotos mis recuerdos de felicidad.
     Me imaginé a Harry al otro lado de la madera, con la frente apoyada en ella y los ojos cerrados casi suplicando que le dejara entrar. Pidiendo que le contara la verdad. Se me hizo un nudo en la garganta.
     Entonces rompí llorar. 



     Abrí los ojos. Me había quedado dormida contra la puerta. El cielo gris había sido sustituido por un color oscuro aunque las nubes de tormenta se negaban a irse. El cuello me dolía y me levanté con un fuerte dolor de cabeza, a trompicones, tanto que tuve que apoyarme contra la pared para no caer al suelo. La hemorragia ya había parado y los efectos de las drogas se habían mitigado. Me lavé los cortes para desinfectarlos y me vendé la muñeca como pude con unas vendas y un poco de esparadrapo. Cuando volví al salón, cogí mi móvil y, con los ojos hinchados, llamé a Demi. No quería llamar a nadie de mi familia y solo ella podría ser totalmente objetiva.
     Al tercer bip, respondió.
     — ¿Emma?
     — Hola, Demi— contesté con la nariz taponada—. Tenía que hablar…
     — Dios mío, Emma. ¿Estás llorando? ¿Estás bien? ¿Qué ha ocurrido?— preguntó alarmada.
     La recordé el día que vino a verme al centro de desintoxicación. Había sido sutil y fuerte, contagiándome su fortaleza y ganas de vivir a mí. El recuerdo me llenó de vida, recordándome que la Emma que salió de allí algunos meses atrás era la misma Emma que estaba llorando en su casa aquella tarde de diciembre.
     Había decaído de nuevo.
     — Es....— comencé pero algo me oprimió el pecho—, es Harry. Es la GQ. Es todo— musité.
     — ¿Harry? ¿Qué te ha hecho?
     — ¿Quién es, Dem?— preguntó una segunda voz al otro lado del teléfono. Era una voz de hombre muy dulce y con un fuerte acento irlandés.
     — ¿Ese es...— empecé a preguntar—, es Niall?
     — Qué manía tienes con meterte siempre donde no te llaman— gruñó ella y suspiró. Él se echó a reír—. Sí. Cuando llegué a París, me dijo que vendría a verme. Y estoy con él en el hotel.
     Demi y Niall siempre habían tenido una relación especial. Todos se habían dado cuenta: cómo se miraban, la manera en la que se trataban, la forma en la que se tocaban. Entre ellos había algo más que una simple amistad.
     — Pásamela— dijo él y escuché a Demi gritar, pero por lo visto fue más rápido y se hizo con el teléfono—. Espera, Em. Pongo el manos libres— se calló durante un segundo—. Vale, ¿qué ha pasado con Harry?— preguntó con la boca llena. Estaba comiendo, como la mayor parte del tiempo. Jamás cambiaría. 
     Omitiría la parte de Simon.
     — Cara ha mandado un mensaje a Harry. Decía que tenía que hablar con él y que...— se me quebró la voz—, que le quería. 
     Niall suspiró.
     — Le dije que hablara contigo. Le dije que te lo contara antes de que pudiera pasar algo como esto. Te aseguro que le advertí, pero no me hizo caso. Como de costumbre.
     — Le he dejado— afirmé y se me quebró la voz—. En realidad no. Le he pedido un tiempo. Todo esto es demasiado para mí. Necesito…, solo necesito…
     Las lágrimas volvieron a asomar a través de mis ojos y ni siquiera me molesté en espantarlas.
     — No llores, Em— susurró—. Cuando te vimos por primera vez, el día que conociste a Liam, supimos que era para Harry. Estabas hecha para él. Eras atrevida, natural y espontánea. Llenabas de alegría cada habitación que pisabas. Eres específica para él y lo has podido comprobar. Ya viste su reacción cuando te vio por primera vez.
     — Yo no conozco esa historia— intervino Demi.
     — Ya te contaré— rió él—. Emma: la chica que conocimos hace un año eres tú. Deja de mostrar tanta inseguridad. Eres la misma. Sé que lo eres. Antes de dar de lleno  en el foco del problema, has de quedarte en el borde para observarlo, analizarlo y acabar con él. Solo Harry puede ayudarte a hacerlo y tienes que pedirle una explicación, porque la solución no es ésta. No puedes darte la vuelta y aparentar que todo está bien, porque de esa manera lo único que haces es hacerte daño. A ti y a él
     Se hizo un silencio sepulcral.
     — Cara es su amiga y yo no soy quién para explicarte lo que ha pasado entre ellos. Harry te quiere como nunca ha querido a nadie, te lo aseguro.
     — Yo...— no sabía que decir—, tengo que pensar, Niall.
     — Habla con él.
     No me despedí de ninguno de ellos, simplemente colgué.


     Una lluvia infernal caía del cielo en forma de grandes goterones que chocaban contra los cristales y la calle estaba encharcada, mezclándose con la nieve y dejándola de un feo color marrón, como si fuera barro.
     Era de noche. Las farolas del exterior y las luces de Navidad iluminaban Hyde Park, los edificios y las calles. Quedaba algo más de una semana para la noche de Navidad —en Reino Unido lo llamaban boxing day—. Harry había insistido en que fuera a Holmes Chapel a pasar allí esas fechas tan especiales y Año Nuevo. Después él vendría a Cork a pasar el día de Reyes con mi familia y abuelos. Tras aquello, volaríamos a España para el juicio de GQ.
     Su familia había insistido en que quería conocerme.
     Fui a mi habitación. Abrí uno de los cajones de la cómoda y me puse un pijama y una sudadera de Harry. Me hice un moño de cualquier manera en la cabeza y me tiré sobre el sofá.
     El Harry de la foto sonreía, al igual que la Emma. Parecían felices juntos, todo lo contrario al Harry y Emma de aquel momento. Mi vida giraba en torno a él. «Quién no arriesga no gana, pero tampoco pierde» recordé de una canción. Arriesgué por Harry y parecía estar en el bote, pero cosas como aquellas me hacían creer que no había merecido la pena. Tal vez tenía que haber aceptado la segunda oportunidad de Víctor o haberme quedado en Madrid con Dani. Cerré los ojos, confusa pero —para mi sorpresa— no arrepentida. Me sonó el móvil. Alargué la mano torpemente y respondí sin apenas mirar la pantalla.
     — Hola— respondió una voz grave y ronca.
     — Harry.
     — Está lloviendo.
     Puse los ojos en blanco, incorporándome en el sofá.
     — ¿Has llegado a esa conclusión tú solito o Cara «mira cómo me abro de piernas» Delevingne te ha ayudado?
     — ¿Puedes salir a la terraza?— preguntó ignorando mi pregunta. El agua de la lluvia se escuchaba al otro lado de la línea, como si estuviera bajo un tejado del que protegerse— Por favor.
     — No— negué con la cabeza—. Me voy a mojar.
     — Por favor— suplicó de nuevo.
     De mala gana, abrí la puerta de la terraza. El agua me golpeó en la cara; me humedeció el rostro y la ropa, me mojó el pelo y, en cierto modo, me devolvió a la realidad.
     — ¿Qué quieres que haga?— pregunté en un tono más alto de lo habitual para que pudiera escucharme por encima de la lluvia—. Se me está mojando el móvil y me estoy calando, ¿qué quieres que haga aquí fuera?
     — Asómate.
     Hice una mueca mientras me acercaba al antepecho, y cumplí órdenes. Una figura masculina y delgada estaba en la acera frente a mi edificio. Llevaba un abrigo negro con el cuello levantado, unos vaqueros negros muy ajustados que dejaban ver unas largas y estilizadas piernas, y un ramo de flores de la mano. Los horribles botines marrones estaban calados y me pregunté cuándo se dignaría a tirarlos. Cuando me vio, se encogió de hombros. Tenía el pelo mojado, como si hubiera salido de la mismísima ducha o como si se hubiera tirado de cabeza a la piscina y luego hubiera olvidado secarse, viniendo derechito a mi casa.
     Era él. Había vuelto.

     Harry estaba ahí.

16 comentarios:

  1. Tía, joder. Lo que ha hecho Harry es jodido pero el final. Dios. Estoy llorando. ¿Dónde tengo que firmar para conseguir un chico así? Dios. Mira que has conseguido que Cara me caiga peor JAJAJAJAY Nemi OMG Qué cuquis! Pero en serio. Qué bonito el capítulo, jo. Escribes de escándalo, nena <3

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  2. Impresionante y perfecto, como siempre.

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  3. ¿POR QUÉ ME DEJAS ASÍ? DIOS NECESITO QUE SE RECONCILIEN, HE HECHO UN MAR DE LÁGRIMAS CON ESTE CAP SRSLY. ADORO COMO ESCRIBES, ASDFGHJKL. AHORA TENGO HARRY FEELS AY T_____T SIGUIENTE <3 @bradfordgirls_

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  4. Patri, te odio.
    ¿QUIÉN TE CREES PARA JUGAR CON MIS SENTIMIENTOS DE ÉSTA FORMA? Nah, te amo.
    Pero me has jodido la vida con lo de Cara. En serio. Ella me caía bien y ahora la odio un poco más.
    No me esperaba la respuesta de Harry, god, al menos ella se abre de piernas. ¿EN SERIO? Bueno, se nota que es hombre y tiene necesidades. Ok ya.
    Ay madre, yo no puedo con capítulos así. He empezado leyendo con cara de mema (como el Harry enamorado) super de lsdnfkjsdnk qué empalagosos y bonitos son y luego PUM me partes el alma. Y ahora el final también es muy asffghk y me muero.
    La parte Diall>>>>>>>>>>>>
    Yo hago mi petición de 'por diosito y por la virgensita, Patri, haz que estos dos sean novios ya'
    En serio, si haces que Demi y Niall salgan juntos en la novela (si lo hicieras en la realidad te haría madre (?)) te amaría forever. Shippeo demasiado a Diall, sorry not sorry.
    Escribes jodidamente bien, srsly.
    Siento no poder comentarte como te gusta pero no puedo bcs no tengo tiempo.
    Sube el siguiente pronto, quiero ver como Harry pide perdón y como Emma le perdona (o no) y quiero saber si lo de la dichosa carta es una simple broma, que no creo, y qué pasa con ella.
    I love you <3

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  5. ¿DONDE FIRMO PARA UN CHICO ASI?:-)
    DIOS.ASDFGHJKL A MI NO ME DEJES ASI EH.JO.
    MIRA QUE A MI CARA NUNCA ME HA GUSTADO.PERO AHORA...JAJAJAJA
    ASDFGHJKL DIOS ES QUE NO SE QUE DECIR.AH SI,,QUE EMMA NO SEA GILIPOLLAS Y LE DE UNA OPORTUNIDAD Y QUE HARRY LE EXPLIQUE LO DE CARA Y QUE HABLE CON ELLA Y NO VUELVA A APARECER.O SI NO PEGO A EMM,A CARA Y A TO SER VIVIENTE.EA.HE DICHO
    SIGUIEEEEEEENTE RIGHT NOW:------) @fixmelukey

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  6. Awwwww que capítulo tan asdfghjkl. No me gusta que Emma y Harry discutan, tienen que estar juntos. Encima el final del capítulo es muy asdfghjkl. Vamos, que me ha encantado el capítulo, como siempre.

    @Youreperfect1D xx.

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  7. Quiero llorar. ¿Por qué lo dejas asi? Necesito capitulos pronto,o me morire,ocno xd. Pero enserio,es una de las mejores por no decir la mejor novela que e leido,escribes genial y siempre me dejas con ganas de mas.
    Lo que le a echo Harry..y despues lo del valcon..jo,voy a llorar. Sube mas por favor es simplemente genial.

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  8. MMMMMMMMM PUTA PATRI, TIA QUE DE EMOCIONES JUNTAS JODER! SI CARA ME HACIA POCA GRACIA AHORA ME HACE MENOS, Y HARRY HA SIDO MUY CABRON CON EL COMENTARIO PERO EN EL FONDO SE QUE LA QUIERE ( o eso creo JAJAJA). MEMI ES LO MEJOR QUE MONOS <3333 SUBE PRONTO EL SIGUIENTE POR QUE LO NECESITO ASDFGHJKLK
    I loveeee you bitch<3
    @iflywith5idols

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  9. JAJAJA ME MEO CON LO DE ' Cara «mira cómo me abro de piernas» Delevingne' POR FAVOR PATRI JAJAJA. Tia, siguiente ya, me haces sufrir guarrilla <3
    @Laura_2424 ;)

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  10. Agh, me haces sufrir. Lo que ha hecho Harry es para meterle dos tortas, pero ahora. aghjhsd. Y CUANDO HAS METIDO A DIALL EN EL CAPÍTULO HOLA HOLA HOLA DIALL SHIPPER AQUÍ. Pero ay, sube pronto por favor. Necesito saber qué va a pasar bc sufrimiento.
    @mullingarsh <33

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  11. Sinceramente doro a Emma y todo esto que has escrito es buenisimo enserio. No tengo palabras para describirlo es sobrecojedor y pica que no veas ... ho no vivo sin esteee mehas picado pero bieeeen...:))
    pliiis avisame si es posible viaa twitter
    @only_them
    Te qyierooo buenisimo trabajooo

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  12. La perfeccion en estos capitulos, son tan asdfghjkl. NECESITO LOS SIGUIENTEEEES YA.

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  13. Mi profesora de lengua ha dicho hoy una cosa que me ha llevado a pensar en ti, ¿sabes? Ha dicho que un buen escritor se nace o se hace. Se nace teniendo un don, o se hace leyendo mucho.
    Yo he llegado a la conclusión de que tú tienes ambas.

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  14. Por Dios!! QUIERES MATARME!!! Harry me ha caido fatal, y me ha parecido suuuuuuper monooooo, NEMI>>>>LO ES TODO, ES... ES... PER-FECT. Sigue escribiendo por favor, me encanta, y nunca dejes de escribir por favor. Un besito!!

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  15. SEÑORES, PATRI QUIERE MATARME. ¿Pero cómo puedes dejarme así tia? Que putada ha hecho Harry,empieza precioso el capítulo y PUM, A LLORAR no pueden separarse por favor. Nemi son tan cuquis. Tú y tus formas de matarme. Sisi, como lo ves. Estoy en un estado de bipolaridad preocupante JAJAJA. CULPA TUYA D: Mis sentimientos están descontrolados. Lloro y río, nononono. El siguiente capítulo tiene que estar al caer ,¿no? Porque no soy capaz de esperar mucho, necesito Hemma. Eres increíble nena, escribes que da gusto leer. Y encima escribes sobre los 5 chicos a los que más quiero en este mundo. Tú y tu jodida perfección. Como comprobarás, te adoroJAJAJA:$ PUES ESO CARIÑO, SUBE OTRO QUE ME DA UN ALGO.

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  16. Dios esta novela es perfecta ! No podes dejarme asi ! Necesito más, por favor sube ya ! c: Perdon x no haber podido comentar antes.
    Afgajsfa siempre perfecta, espero el siguiente
    @miicamontii

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